Saturday, October 1

Aroldo Lázaro, el militar español al mando en el Líbano


Nacido hijo de un oficial de la Legión en Sidi-Ifni, capital del África española que tantas vidas costó defender, y de nombre de pila Aroldo -etimológicamente «jefe de Ejército»-, que Lázaro Sáenz haya desarrollado una carrera militar de excepción puede considerarse algo así como una profecía autocumplida. No solo porque haya alcanzado el empleo de general de División, a lo que llegan tan pocos. También porque el 28 de febrero se pondrá en el sur del Líbano al mando de 10.300 cascos azules, que son fuerza de interposición desde 1978 entre dos enemigos letales e íntimos: la incendiaria milicia filoiraní de Hizbulá y las patrullas de alta susceptibilidad de Israel, que con celo animal vigilan día y noche los

 150 kilómetros que hacen de frontera de separación con las armas de a bordo descubiertas. El último choque en el verano de 2006 desató una guerra de katiushas y bombardeos aéreos que dejó en 33 días 1.187 muertos en el país del Cedro, 51 en territorio hebreo. La revancha de los chiíes es solo cuestión de tiempo.

Hay que tener los nervios galvanizados y un temperamento de funambulista para meterse un año, que pueden ser dos o más, a custodiar el polvorín libanés. Cualquier chispa amenaza explosión regional o algo peor. Los ojos del mundo -empezando por el árabe y el Occidente que tiene aquí su confín- están encima. Se entenderá que a España le convenga hacerlo muy bien. Y a Naciones Unidas que ampara esta misión, mucho más. En esa obligación de no equivocarse han encontrado en este general un valor seguro, algo así como un Nadal con uniforme de Tierra, que funciona a éxito sistemático. Lo dice el coronel José Luis Calvo, Director de la División de Coordinación y Estudios dentro de la Secretaría de Política de la Defensa (Segenpol), en la que hasta ahora Lázaro Sáenz ha estado destinado como asesor y anteriormente profesor suyo de Estrategia en el curso de Estado Mayor.

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La responsabilidad y la calma

«Brillante alumno», resume para empezar, «se le ha seleccionado primero porque es un hombre extraordinariamente responsable, algo que se supone a todos los militares, como el valor, pero él lo es particularmente: No ceja hasta estar totalmente seguro de que lo que se le ha encomendado se va a hacer y se va a hacer bien». Dos, el sentido común. «Es capaz de gestionar situaciones difíciles viendo donde está la solución sin alarmarse, sin alarmar a otros», una virtud, la de «transmitir calma», providencial en el escenario que le espera y también contrastada. Puesto que Lázaro, y este ha sido otro argumento de gran peso a su favor, ha estado desplegado
, -amén de tres veces en Bosnia, con la ONU, OTAN y la UE-, otras tres en el Líbano. La más reciente entre 2016 y 2017 ya siendo general y como jefe del Sector Este, que constituye la mitad de la misión de la que se va a hacer cargo.

De esa experiencia sabe que lo inflamable en estos dominios al sur del río Litani está por todas partes. Sabe lo que es coger un coche él mismo, otros ni salen de la base, para ir en persona, por ejemplo, a poner paz en medio de un roce entre la población, eminentemente musulmana, -con sus códigos, sus orgullos, sus peculiares líderes locales civiles y religiosos, su fundamentalismo hacia la mujer- y, digamos, el contingente nepalí. Porque en esta misión multinacional, no se olvide, hay tropas de 46 países, de Indonesia, de China, de Francia, de Malasia, los «turbantes azules» de la India, de Italia, de Ghana, 620 españoles en Marjayoun…

Valga este caso, que tiene su realidad, para exponer que
una jefatura como esta de la Unifil exige un plus de firmeza militar para dar órdenes y hacerlas cumplir, que en gran parte va supuesta en los galones. Pero más allá, reclama una calidad humana, una forma de ser con los de dentro y con los de fuera, de la que emana el respeto. «La autoridad se la gana con el trato diario, es el primer soldado», zanja el teniente coronel David Cotorruelo, quien fuera su jefe del Estado Mayor durante los tres años que Aroldo Lázaro estuvo al frente de la Brigada Guzmán ‘El Bueno’ X localizada en Córdoba y mientras la unidad sirvió en el Líbano. Del carácter del general subraya que es «inmensamente educado, agradable con todos, muy detallista, está siempre pendiente de su gente…, lleva cuenta de quién está enfermo, pregunta por ellos». De su entrega, que está en su papel «24 horas los 7 días de la semana», que le cuesta recordar haber tenido una conversación con él que, -al margen de lo profesional-, no versara sobre la familia. Tiene el general esposa, un hijo y una hija. Y que en el tiempo libre, por llamarlo de alguna manera, salía a correr, pero para luego trabajar más y mejor. «Dice que le ayuda a centrar ideas y a decidir, es muy reflexivo. No da un paso a ciegas», retrata el teniente coronel. Aparte de eso, si acaso, recuerda que alguna vez al final del día vieron en dvd «alguna película antigua», por cierto «de acción».

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Toda una vida

Un general español es fuera además un embajador, una representación, un diplomático dialogante, un mediador. En su entorno avanzan con admiración que será «perfecto» en esa tarea, extremadamente delicada
en un Líbano en su enésima crisis política, social y económica, tablero de partidas ajenas y país acostumbrado a autodestruirse de vez en cuando. El Gobierno al que la misión está llamada a apoyar, siempre presionado por ese Hizbullah que es estado dentro del estado, se tambalea en su equilibrio de Taïf -el reparto de poder entre suníes, chiíes, cristianos- cuando este 2022 se cumplen 40 años de la masacre de Sabra y Chatila.

Desde que su candidatura fuera presentada por el España hace más de un año, y que al cabo ha sido la elegida entre las finalistas propuestas por Suecia e Irlanda, Aroldo Lázaro ha estado profundizando en su preparación y visitando, con las limitaciones de la pandemia, operaciones de pacificación en zonas difíciles como el Sahel. Aunque cabría ver que lleva preparándose toda la vida. Culto, habla inglés, francés e italiano. Le precede una formación académica en Estado Mayor de la OTAN, en cooperación cívico-militar, género o estrategias de estabilización, complementaria, entre otras, de una trayectoria que le ha llevado al Cuartel General de la Eurofuerza Operativa Rápida con sede en Florencia, al Cuartel General Multinacional Terrestre de Alta Disponibilidad (Valencia) y a mandar la mencionada Brigada Mecanizada Guzmán ‘El Bueno’ y el Regimiento de Infantería ‘La Reina’, también en Córdoba.

En una entrevista televisiva estos días, no había manera de que el general hablara de sí mismo, ni para distinguir o no este compromiso que tiene por delante como la más complicada de su carrera. Hay que buscar con empeño media declaración suya en primera persona, esa en la que afirmó que las misiones en el exterior le habían hecho «crecer como persona y como militar». Ahí está todo: de Sidi Ifni al mundo.

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