Sunday, January 29

Bildu planifica su futuro sin condenar la violencia


Bilbao
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Un atril flanqueado por las banderas del País Vasco y de Navarra y una iluminación futurista. Ha sido la escenografía escogida por EH Bildu, formación que sirve de apoyo parlamentario al Gobierno de Pedro Sánchez, para escenificar su blanqueamiento. Se trata de una nueva hoja de ruta política que apuesta por «aglutinar nuevas mayorías en torno a grandes acuerdos de país» y en la que no caben ni el perdón ni la condena a la violencia etarra.

«Nos hemos dado cuenta de que muchos sectores comparten las mismas preocupaciones aunque no piensen como nosotros», ha arrancado su intervención el secretario general de EH Bildu, Arnaldo Otegi. Su alocución ha estado plagada de invitaciones a «construir puentes» y a buscar «nuevas soluciones» y «nuevos liderazgos».

Es más, Otegi ha llegado a reconocer que su intención no es sumar apoyos a EH Bildu, porque «este país no se construye desde siglas políticas».

«Somos conscientes de que necesitamos sumar fuerzas y llegar a acuerdos», ha reconocido en un tono conciliador, hasta ahora desconocido en las intervenciones de la coalición independentista. Incluso ha tendido la mano para «construir una alternativa que de cauce a las mayorías que ya existen en el país y que se asientan sobre otros valores». Otegi no ha nombrado en ningún momento ni a Podemos ni a los socialistas vascos, pero esta frase solo puede entenderse como una mano tendida a futuros acuerdos de Gobierno.

EH Bildu presenta en Bilbao su hoja de ruta política para los próximos años – EP

Y es que EH Bildu se ve capaz de lograr arrebatar el liderazgo de la política vasca al PNV. Según las encuestas, es el partido que más votantes ha ganado en los últimos años. Precisamente por eso uno de los objetivos prioritarios de esta nueva hoja de ruta será utilizar un argumentario que le permita ensanchar su masa de votantes. En realidad, se trata de volver a poner en práctica una estrategia que ya le fue provechosa a la izquierda abertzale en los años 80. En un momento de gran descontento social en las calles, se enarboló la bandera del movimiento antinuclear y lideró las protestas en contra de la central nuclear de Lemóniz, ganando, de paso, un buen puñado de votos. De ahí que el acto político de este miércoles haya estado plagado de alusiones al feminismo, al ecologismo o a la precariedad laboral.

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Ni perdón ni arrepentimiento

Lo que no ha habido es mención alguna ni a ETA, ni al daño causado. La coalición abertzale es consciente de que afronta este nuevo papel conciliador con un problema interno aún por resolver. A pesar de los esfuerzos de Otegi por condenar la violencia o el empeño de sus grupos parlamentarios por mostrarse como un partido «útil», aún queda en la formación un número significativo de militantes críticos con la actual estrategia de EH Bildu.

Sortu es la formación mayoritaria dentro de la coalición, y en su último congreso un 22% de los militantes votaron a favor de la propuesta más radical que apostaba por recuperar las «acciones» en la calle. Este sector crítico lleva tiempo desafiando las tesis de la dirección con pintadas en las calles o con la organización de ongi etorris después de que el colectivo de presos, EPPK, pidiera en un comunicado que se dejaran de hacer. El último ejemplo ocurrió hace unas semanas en la localidad vizcaína de Berango. Un centenar de radicales organizó un recibimiento a Ibai Aginaga, integrante del llamado sector crítico de los presos de ETA. Sortu tuvo que hacer malabarismos para desvincularse de la organización del acto sin realizar una condena expresa.

Por eso el acto de este miércoles en Bilbao podría también entenderse como un golpe de autoridad frente a estos conatos de disidentes. Además, supone la confirmación oficial de lo que ya había demostrado EH Bildu con sus últimas acciones. Consiguió sorprender al PNV, y a todo el arco político, cuando tomó la delantera y firmó el primer apoyo a los Presupuestos Generales de Pedro Sánchez. Volvió a ser decisivo en los presupuestos navarros, y se avino a negociar las cuentas del País Vasco, donde sus votos ni siquiera eran necesarios. También ha mostrado su cara más conciliadora al apoyar la reforma laboral de Pedro Sánchez o en el reciente pacto educativo del País Vasco. Otegi solo ha puesto voz a lo que EH Bildu ya venía escenificando en las instituciones en los últimos meses.

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