Saturday, March 2

Carlos Cascón: «Todos los días vendo plumas»


En Mérida hay cinco papelerías, pero la más antigua de la ciudad y quizás de Extremadura es la Cascón Chito, situada en la Rambla de Santa Eulalia, en plena Puerta de la Villa, donde antiguamente empezaban los arrabales emeritenses. Fue en 1930 cuando Antonio Cascón Chito se quedó con el traspaso de un almacén de papel en lo que hoy es la avenida de Extremadura. En los 40, abrió la papelería en su actual emplazamiento. 93 años después, Carlos Cascón Pérez (Mérida, 1970) está al frente del negocio y asegura que le crecieron los dientes en la papelería.

–Tiene usted la tienda llena y son cinco empleados. ¿Cómo resiste una papelería en los tiempos de Amazon?

–En los 80 no había todo a cien, bazares chinos ni grandes superficies. Todo esto llega en los 90 y empezamos a competir repartiendo a domicilio. En el siglo XXI, nos hemos adaptado con la papelería especializada: la escritura fina, las bellas artes, el regalo, el libro y con nuestra página web, donde solo ofrecemos materiales curiosos para dibujo y pintura, estilográficas, lápices Blakwing americanos: con ellos dibujaba Walt Disney y tenemos ediciones especiales dedicadas a acontecimientos.

–Mi padre regaló una pluma a cada hijo al acabar la carrera y mi mujer pidió mi mano con una Parker de plata.

–La gente sigue escribiendo con pluma y se sigue regalando al acabar la carrera o en momentos especiales. Ayer vendí una y esta mañana, otra. Vendo plumas todos los días. Hay menos clientela, pero también hay menos oferta. Un comerciante joven que empieza no puede gastarse 10.000 euros para tener un fondo de estilográficas, pero yo heredé ese fondo. Además de las Parker, Waterman o Pelikan, tengo plumas alemanas como las Lamy de entre 20 y 400 euros o las Kaweco, entre 16 y 500. Predominan los cartuchos, que ofrecen seis colores de tinta, pero los clásicos prefieren tinteros con 50 variedades de colores: verde, turquesa, naranja.

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–Hablando de clásicos: tengo entendido que descienden ustedes de la actriz Margarita Xirgu, que inauguró el Festival de Teatro Clásico de Mérida en 1933 con la ‘Medea’ de Unamuno.

–Mi bisabuelo, Florencio Esteva Xirgu, vino desde Llagostera a Cordobilla de Lácara a comprar corcho en los años 20 y conoció a mi bisabuela Teodosia, una joven de Cordobilla con la que se casó. Se instalaron en Cáceres, donde montaron una fábrica de corcho. Florencio era tío de Margarita Xirgu (Molins de Rei, 1888). Mi abuela contaba que cuando la Xirgu vino al Gran Teatro de Cáceres en 1930, se alojó en su casa y salieron a pasear ante el asombro de los cacereños al ver a aquella mujer tan moderna y elegante que fumaba cigarrillos con boquilla en compañía de un galgo negro.

–Sigamos con los clásicos. ¿Se vende el Zaragozano?

–Aquí está el calendario de 2024, 3,50 euros. Lo compra sobre todo la gente mayor. Antes de Internet, lo compraban mucho las jóvenes casaderas de Mérida para saber qué tiempo haría el día de su boda.

–¿Y agendas?

–Los profesionales siguen confiando en el papel para apuntar citas y actividades.

–¿Regalos navideños?

–Mucho libro, mucha escritura y la moda del ‘lettering’, esas letras que aparecen dibujadas con estilográficas o rotuladores con punta de pincel en las portadas de los libros.

–¿El futuro, la inteligencia artificial?

–La clave del comercio tradicional es que el cliente confíe en ti, que entre en la papelería y no se lleve nada, pero se vaya satisfecho con un consejo. Yo no quiero solo vender, quiero mantener al cliente con la sinceridad y la confianza. La inteligencia artificial no podrá nunca con el sentimiento.

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