Monday, November 28

Comprueba el efecto que una bomba atómica de Rusia podría tener sobre Ucrania



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La guerra entre Rusia y Ucrania continúa. Durante la jornada del martes, 1 de marzo, las tropas rusas incrementaron su ofensiva, intensificando los bombardeos a las principales ciudades ucranianas,
Járkov, Mariúpol y Jérson, esta última ya bajo el control de Moscú.

Putin no permite que en Rusia los medios de comunicación llamen a su ofensiva militar «invasión» o «guerra» y trató de silenciarlos atacando con un misil la
torre de telecomunicaciones de Kiev para dejar a los ciudadanos ucranianos desconectados de la realidad.

La ofensiva continúa y la comunidad internacional teme que el conflicto pueda derivar en una amenaza mayor. Putin ya avisó de que «cualquier conflicto directo con la OTAN supondría una guerra en la que no habría vencedores», haciendo alusión a las armas nucleares con las que cuenta el Kremlin.

Ya el pasado domingo, 27 de febrero, el líder ruso ordenó la puesta en estado de máxima alerta de las fuerzas nucleares del país: «Ordeno a los ministros de Defensa y al jefe del Estado Mayor que pongan las
fuerzas de disuasión del Ejército ruso en régimen especial de servicio de combate».

Las armas nucleares rusas

A principios de 2021, según un informe del Centro de Investigación de Estocolmo para la Paz, nueve estados, Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, Francia, China, India, Pakistán, Israel y la Corea del Norte, poseían aproximadamente 13.080 ojivas o cabezas nucleares.

Estados Unidos y Rusia acaparan el 90 % de las armas nucleares que existen en todo el globo.

Según los últimos datos disponibles, Rusia cuenta con un arsenal militar de 4.495 ojivas o cabezas nucleares. Cerca de 2.585 de estas son cabezas nucleares estratégicas ofensivas, de las cuales aproximadamente 1.625 se desplegan en misiles balísticos terrestres y marítimos y en bases de bombarderos. Rusia también posee 1.910 ojivas nucleares tácticas, es decir, no estratégicas. Se cree que todas las ojivas no estratégicas se encuentran en sitios centrales de almacenamiento y se estima que existen 1.760 ojivas adicionales retiradas pendientes de su desmantelamiento. El inventario total de armas nucleares de Rusia es de 6.255 ojivas.

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La bomba más grande jamás detonada por Rusia es la
Bomba del Zar, una bomba de fusión o bomba H que hizo explosión el 30 de octubre de 1961, con una potencia de 50 megatones, 8 metros de largo y 27 toneladas de peso. Según las cifras oficiales, se llevaron a cabo más de 2.000 ensayos nucleares en desiertos, subterráneos, atolones, islas paradisiacas y remotas o incluso en el espacio. No hay una estimación global, pero se considera que los ensayos provocaron la muerte de miles de personas por cáncer, probablemente causando más víctimas que el famoso accidente de Chernóbil.

¿Y qué ocurriría si una bomba como esta cayera sobre Kiev?

Efectos de una bomba atómica sobre Ucrania

En este
simulador creado por Alex Wellerstein
, historiador experto en armamento nuclear y Profesor de Estudios científicos y tecnológicos en el Steven Institute of Tecnology, podemos comprobar el efecto que tendrían diferentes bombas sobre cualquier punto geográfico que indiquemos.

En el caso de que una bomba como la Bomba del Zar fuera lanzada sobre Kiev y se detonara sobre la superficie, se estima que la bola de fuego generada arrasaría 113,31 kilómetros cuadrados. Esta bola de fuego es 10.000 veces más caliente que la superficie del Sol. En la primera millonésima de segundo después de la detonación, los materiales de la bomba se calientan a temperaturas extremas. La bola de fuego se forma inmediatamente a partir de los residuos de combustión de la bomba y emite una enorme cantidad de energía como rayos X, luz y calor, expandiéndose a medida que se enfría. Cualquier individuo u objeto dentro de la bola de fuego se vaporizaría en un instante.

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El radio de calor se extendería 8.289,25 kilómetros cuadrados. Cualquier persona que se encontrase en este radio sufriría quemaduras graves o fatales de tercer grado. Otros materiales, como el plástico, la madera, el papel o la ropa se incendiarían.

A medida que la bola de fuego se expandiese, empujaría el aire e iría creando una onda de choque, que se expandiría 893,65 kilómetros cuadrados. La presión de esta onda es capaz de destruir edificios y muchas personas podrían morir o resultar lesionadas por el cambio de presión y los fuertes vientos que derribarían las estructuras de su alrededor.

La radiación, en forma de rayos gamma y neutrones, alcanzaría todo lo que estuviese en un radio de 80,23 kilómetros cuadrados. Cualquier persona que se encontrase en este radio absorbería unos 500 rem de radación, por lo que se intoxicarían gravemente. Si alguien logra sobrevivir a la onda de choque y al calor, la gran mayoría morirá por radiación a las pocas horas o semanas.

En total morirían unas 2.182.099 personas y 440.207 resultarían heridas.

¿Y si cayera en Madrid?

Los efectos serían similares pero podría causar un total de 3.407.757 muertes y 1.214.363 heridos debido a la gran densidad de población de la ciudad.

Con todo, el calor afectaría prácticamente a toda la comunidad, expandiéndose hacia Toledo y Guadalajara.

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