Saturday, March 2

Concha Velasco: de la chica ye-yé a Teresa de Jesús


A los 4 años, Concepción Velasco Varona, hija de militar franquista y maestra republicana, bailaba ‘Francisco alegre y olé’ sobre las mesas del Casino de Valladolid. A los 15, ya cantaba coplas en el vodevil ‘La reina mora’. Su nombre no aparece en los títulos de crédito de este filme que Raúl Alfonso dirigió en 1955. Al año siguiente, la actriz ya figura como Conchita Velasco en la adaptación de ‘La fierecilla domada’ que Antonio Román firmó con Carmen Sevilla y Alberto Closas al frente del reparto. Tenía una única frase: «¡Oh, señora!, no os oímos llegar».

Lo de Conchita Velasco, así con el diminutivo, duró hasta 1980, cuando la intérprete ya había hecho de todo en el cine español. La protagonista de ‘Las chicas de la Cruz Roja’, su primer gran exito popular en 1958, se cayó y levantó muchas veces. En los 60 y 70 llegó a rodar hasta siete películas al año, al tiempo que llenaba los teatros. Tras dos nominaciones fallidas al Goya en 1989 por ‘Esquilache’ y en 1996 por ‘Mas allá del jardín’, el Goya de Honor en 2012 saldó la deuda del cine español con una actriz que siempre ha estado ahí.

Conchita Velasco fue madre soltera en una época en la que representó «la imagen de muchacha moderna pero honrada, simpática y no casquivana, redicha, pícara, con sentido común y respetuosa del orden; es decir, una perfecta novia», como resume el ‘Diccionario del Cine Español’ dirigido por José Luis Borau. ‘Las chicas de la Cruz Roja’, ‘El día de los enamorados’, ‘Los tramposos’… Clásicos del programa ‘Cine de barrio’, que su protagonista presentó durante casi una década tras reemplazar a otra gloria nacional, Carmen Sevilla. De entre todos sus ‘partenaires’, Velasco se quedaba con dos: Tony Leblanc, «un amigo al que le debo todo», y Manolo Escobar: «Las cinco películas que hicimos juntos están a la altura de las de Katharine Hepburn con Spencer Tracy», defendía.

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Esa dimensión popular de la Velasco, carne de las revistas del corazón desde siempre, quizá haya eclipsado los méritos artísticos de una actriz dúctil y disciplinada, que ha sabido reinventarse en la gran pantalla a lo largo de una carrera que supera el centenar de títulos durante 65 años: en 2020 hizo un papel en ‘Malasaña 32’ y concluyó su participación como Doña Carmen en 37 episodios de ‘Las chicas del cable’. Delante de una cámara hasta el último momento.

La estrategia de Brando

‘Una vez al año ser hippy no hace daño’, ‘Juicio de faldas’, ‘Las señoritas de mala compañía’… Concha Velasco era la primera en reconocer que había hecho malas películas para pagarse las aventuras teatrales que, gracias a su marido Paco Marsó, le arruinaron obligándola a aceptar cualquier papel. Su gran amigo Pedro Olea ha sido, sin duda, uno de los directores que más provecho ha sacado de la actriz en títulos como ‘Tormento’, ‘Pim, pam, pum… ¡fuego’ y ‘Más allá del jardín’.

«Concha ha sido la mejor y más completa actriz que ha tenido el cine español», alaba el director bilbaíno, que en ‘Tormento’ la sorprendió imitando la estrategia de Marlon Brando en ‘El padrino’, introduciéndose algodones en la boca para hablar farfullando. «Puedo presumir de haber trabajado con los mejores actores. Ni López Vázquez, ni Sacristán, ni Landa ni Concha han sido actores del Método, que después se llevaban a casa el personaje. No eran personas que querían parecer ser actores, sino que lo suyo era pura vocación», apunta Pedro Olea, el primer cineasta que se atrevió a exigirle a la Velasco diez tomas para rodar un plano en ‘Tormento’.

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La legendaria chica ye-yé de ‘Historias de la televisión’, la líder involuntaria de la primera huelga de actores en este país que cerró teatros y paró rodajes de cine y televisión en 1975 supo ser una Teresa de Jesús de carne y hueso en la serie que Josefina Molina dirigió en los 80, una corista baqueteada por la vida en ‘Pim, pam, pum… ¡fuego!’ y una cachonda en ‘París-Tombuctú’, donde Luis García Berlanga se dio, por fin, el gustazo de desnudarla.

A Concha Velasco, que compró una nevera Edelweiss a sus padres con su sueldo en ‘Las chicas de la Cruz Roja’, se le quedó grabada la imagen de Charlton Heston recogiendo trozos de decorado para su chimenea de La Moraleja. Y juró que ella nunca iba a ser hormiga, sino cigarra generosa y sincera, dentro y fuera de los platós.


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