Thursday, February 22

Corrupción, fraudes electorales y opositores asesinados: el oscuro ascenso de Putin al poder


El presidente Putin en unas maniobras en el año 2000 – AFP

Israel Viana

Actualizado:

«Los derechos y libertades democráticos son un objetivo clave de la política interior de Rusia» y «la paz estable en el continente es un objetivo primordial para nuestra nación», fueron las dos declaraciones que
Vladímir Putin pronunció en el Parlamento alemán el 25 de septiembre de 2001. Como demuestra su política interna y la guerra de Ucrania, entre otros conflictos desatados desde entonces, es evidente que el actual presidente ruso no ha cumplido ninguna de sus promesas desde que
Boris Yeltsin lo alzó al poder en un movimiento bastante extraño e inesperado.

ABC lo anunció el 10 de agosto de 1999:
‘Yeltsin ya tiene sucesor: Vladimir Putin, nuevo jefe de Gobierno’. Lo había nombrado primer ministro interino el día anterior, dejando claro públicamente que quería que fuese este exagente de la KGB de pasado nebuloso, con 47 años, quien le sucediese.

¿Por qué él, si apenas había demostrado dotes políticas hasta ese momento y apenas se sabía nada de su formación?

+ info

ABC contó así ese histórico momento: «Fueron tres horas vertiginosas. En otro golpe de mano ante un país perplejo por el confuso ambiente político y la crisis bélica en el Cáucaso, Yeltsin despidió a Stepashin y a todo su Gobierno, convocó elecciones y lanzó al ruedo a otro de sus fieles, Vladimir Putin. El presidente dijo que el nuevo primer ministro es ‘la persona capaz de consolidar la sociedad y de llevar adelante las reformas en Rusia’. Y añadió que ‘Putin podrá unir a quienes, en el siglo XXI, tendrán que renovar la Gran Rusia’. Putin recibía el espaldarazo como su sucesor».

En su sorprendente ascenso al poder, cabe resaltar que, entre las muchas prerrogativas que tenía el presidente saliente, no figuraba la de designar a ningún sustituto según la Constitución; aún así, lo hizo. ‘Nuevo golpe de mano de Yeltsin’, titulaba ABC. Putin aceptó al instante no solo el puesto de interino, sino que anunció pocos segundos después que también se presentaba a las elecciones presidenciales previstas para marzo del 2000. «Rusia entra en una nueva etapa política nada fácil y de mucha responsabilidad, pero estoy seguro de que Vladimir aguantará», aseguró el anterior mendatario ante las cámaras.

Putin, el desconocido

El líder ruso
ganó los comicios en primera ronda con mayoría absoluta (53% de los votos) tras un ascenso meteórico desde la oscuridad. Curiosamente, a Putin no le hizo falta dar ni un solo discurso ni
participar en mítines o concentraciones para ganarse a los votantes, ya que obtuvo el apoyo incondicional de todos los medios de comunicación del Estado de igual forma, quienes elogiaron su manejo de la guerra y las
valientes críticas a Yeltsin, precisamente la mano que le había dado de comer. Sus principales oponentes denunciaron fraude electoral y que el aparato estatal había manipulado los comicios en su beneficio, pero jamás permitió que aquello se investigase.

Also Read  Víctor Pérez y Enric Noguera, ganadores del Campeonato Ibérico de Snipe
+ info

¿Quién era, entonces, Putin? En los días previos a las elecciones, periodistas de todo el mundo peregrinaron a San Petersburgo en un intento de arañar detalles sobre su figura y desvelar en su pasado alguna pista que pudiera explicar su inesperado ascenso.
ABC también viajó hasta la ciudad natal del nuevo presidente. Contactó con aquellos que habían tenido algún contacto con el joven Vladimir. «Nosotros hicimos un poco a Putin», dijo con orgullo Raisa Sergueyevna Polunina, vicedirectora de la escuela de élite especializada en química en la que cursó noveno y el décimo grado, entre los 16 y 18 años. «Nuestra escuela era muy patriótica. El director siempre decía que lo más difícil es hacer de un alumno un patriota», añadía.

Según Polunina, Putin solía proteger su honor y el de la escuela. Un día que le tocaba por turno vigilar a los demás alumnos, tuvo un problema con uno mayor que él, grande como un armario, que se negó a obedecerle. Aunque él era de pequeña estatura, ya dominaba técnicas de defensa personal (después fue cinturón negro de judo), así que agarró al gigantón y lo empujó con fuerza contra la pared. Era un colegio con formación patriótica y preparación militar. «En los concursos de montar y desmontar las armas era el mejor y para eso se necesita entrenamiento», continuó Polunina.

Un día antes de las elecciones, ABC publicaba el siguiente artículo con nuevas informaciones que iban apareciendo sobre el mandatario ruso:
‘Comisiones millonarias tiñen el pasado de Putin como gestor en San Petersburgo’. En la noticia se destacaba que, por vez primera desde el principio de la campaña, el aspirante se había dirigido a los votantes para recordarles que no solo se elegía al presidente, sino «al comandante supremo de las Fuerzas Armadas de una gran potencia nuclear». Una amenaza preocupante para alguien que todavía no había sido elegido.

La corrupción

En la misma noticia se detallaban varios casos de supuesta corrupción protagonizados por el desconocido aspirante, al que ya se acusaba de autoritario por los meses que había estado como presidente interino. En ese momento, la condición de hombre del KGB era un plus en su currículum, pues muchos rusos no asociaban a los Servicios Secretos con la represión, sino con el orden que supuestamente reinaba en la antigua sociedad soviética y con la supuesta incorruptibilidad de sus agentes. Pero se equivocaban.

Also Read  La Semana Santa pone a prueba la salud del Papa
Noticia sobre Putin de marzo del 2000+ info
Noticia sobre Putin de marzo del 2000 – ABC

Hubo una parte del pasado del presidente de la que surgían dudas: su gestión como adjunto al alcalde de San Petersburgo. En 1991, cuando llevaba dos semanas en el cargo, la presidenta de la Comisión de Alimentos en el Soviet de Leningrado, Marina Sallier, tomó la drástica medida de introducir tarjetas de racionamiento por primera vez desde el bloqueo alemán en la Segunda Guerra Mundial. Los alimentos escaseaban. «Exportábamos materias primas, como derivados del petróleo, madera, cemento, algodón o metales y, con el dinero obtenido, comprábamos alimentos para la ciudad», contaba Sallier a ABC.

Para poder exportar estas mercancías hacía falta una licencia del Estado que concedía Putin, por ser el presidente del Comité de Relaciones Externas de la Alcaldía. Durante los últimos meses de 1991, las exportaciones se produjeron a buen ritmo, pero los alimentos seguían escaseando en la ciudad, hasta que el Soviet local decidió crear una comisión de investigación para averiguar lo que estaba sucediendo. Sallier fue nombrada al frente de dicha comisión. ¿Qué reveló aquel grupo de trabajo?

Sallier se lo explicaba así: «En lugar de convocar un concurso, como exigía la ley, Putin eligió varias empresas intermediarias que no disponían de recursos monetarios, ni contratos con empresas occidentales, para el suministro de alimentos, y les concedió las licencias». Varias de estas empresas habían sido creadas solo dos meses antes. «Putin dio de manera totalmente ilegal unas veinte licencias por un valor de más de 92 millones de dólares. En la ciudad no veíamos los alimentos correspondientes a esos contratos. En el curso de la investigación nos enteramos de que las empresas intermediarias cobraban comisiones por sus operaciones, cuyo monto se cifraba entre el 25 y el 50% de las ganancias en divisas». Del total, las empresas se quedaron con 34,3 millones de dólares. «Todo lo que les estoy diciendo no se basa en mis impresiones, sino en documentos que pude conservar. Estos son copias, los originales los tengo en otro lugar», aseguró

Opositores

En 1999, Yeltsin no se imaginaba que
Putin gobernaría el país con mano de hierro durante más de veinte años, jugando con la constitución para seguir el poder y manejar el Kremlin a su antojo. Rusia acabó convirtiéndose en una especie de dictadura en la que ha ido
deshaciéndose de sus opositores poco a poco. Muchos de ellos han ido apareciendo muertos en extrañas circunstancias. En 2002, el gobernador de Magadán, Valentín Tsvetkov, recibió un disparo en la céntrica Novi Arbat, una de las calles más turísticas y comerciales de Moscú. Le siguieron Vladímir Golovliov (2002), Yuri Shchekochijin (2003), Serguéi Yushenkov (2003), Paul Klebnikov (2004), Alexander Litvinenko (2006), Anna Politkovskaya (2006), Anastasia Baburova, Natalya Estemirova o Boris Berezovsky (2013), entre otros.

Also Read  UK economy rebounds strongly in January after Omicron disruption – business live | Business

Muchos rusos también pensaron que el nuevo primer ministro continuaría con las
reformas democráticas que Yeltsin había impulsado y que mantendría a Rusia en el camino hacia la economía de mercado y hacia la pacificación del Cáucaso, pero como ha vuelto a demostrar con la invasión de Ucrania, no estaban en los cierto. De hecho, lo primero que hizo en 1999 fue
desatar la segunda guerra en Chechenia, un conflicto sangriento en el que murieron entre 50.000 y 100.000 civiles. «Iremos a matar a los terroristas hasta en los baños», justificó.

A pesar de ello aumentó su popularidad y hasta ganó la reelección presidencial de 2004 con el 72% de los votos. A esto se sumaron sus extravagantes fotografías a pecho descubierto cazando, pescando o montando a caballo, con las que quería proyectar la imagen de hombre fuerte, mientras le arrebataba el control de los medios de comunicación a los oligarcas y centralizaba todavía más el poder en sus manos. No parecía dispuesto a dejar el cargo ni con la Constitución en su contra.

Esta no le permitía aspirar a un tercer mandato presidencial consecutivo, por lo que se sacó una carta de la manga: eligió a Dimitri Medvedev como presidente y él mismo se postuló como jefe de Gobierno para seguir manejando el poder en la sombra hasta retomar la presidencia en 2011. Gracias a ello, nadie ha estado tanto tiempo en el cargo como él, a pesar de que en esta segunda etapa ha echado a perder las relaciones con Occidente y ha multiplicado las crisis internacionales. En primer lugar, con la guerra en Georgia (2008); después, con sus críticas a la ONU por intervenir en Libia (2011), y, por último, con el conflicto con Ucrania que hoy sufre su último episodio a pesar de las denuncias del resto de países europeos.

Ver los
comentarios


www.abc.es

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *