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El agua de Crimea



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La negociación ‘táctica’ de hoy, en Estambul, entre los representantes de Moscú y Kiev, ha terminado sin alcanzar acuerdos en firme. Si bien parece que ha habido mejores palabras que en anteriores ocasiones. Tono que ha sido recibido con bastante euforia por las bolsas (que también tienen su influencia en el desarrollo del conflicto). Lo más sustancioso de las intenciones manifestadas es, por parte ucraniana, renunciar a su potencial entrada en la OTAN, siempre que otros países garantizasen su seguridad. La parte rusa, como gesto de buena voluntad hacia el diálogo, se ha mostrado dispuesta a reducir ‘drásticamente’ sus operaciones en las zonas de Kiev y Chernigov.

Casi todo parece estacionario sobre el teatro ucraniano. Siguen los bombardeos

 rusos donde anteriormente se producían, al igual que se combate en las zonas en disputa. Por ello, parece oportuno repasar un grave asunto que, a comienzos de la invasión, el pasado 24 de febrero, tapado por el fragor y la sorpresa de los primeros bombazos, pasó casi desapercibido. Es el problema del agua que tantas guerras ha provocado, y provocará en todo el mundo.

El acceso al agua es, quizás, el más acuciante problema en Crimea. Antes de su anexión por Rusia (2014), la península de Crimea era regada sin restricciones por las aguas del río Dniéper. Éstas eran trasvasadas, por el llamado Canal del Norte de Crimea que, desde el embalse de Kajovka (a 60 kilómetros de Jersón) y, pasando por el Istmo de Perekop, cubría alrededor del 90% de las necesidades de la península, que se repartían entre la agricultura (70%), el agua de boca y otros (20%), y la industria (10%). El 10% restante se cubría con las aguas de sus ríos y pozos artesianos.

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Pero después de la anexión de Crimea por Rusia, Ucrania taponó el Canal. Y Crimea empezó a pasar sed y, además, perdió más de 120.000 hectáreas de regadío. Eso explica por qué, no habiendo transcurrido ni 24 horas del comienzo de la invasión, fuerzas ligeras aerotransportadas rusas ya se habían apoderado del Canal para, seguidamente, destruir la presa que lo taponaba. Hoy, tras los correspondientes trabajos de limpieza, las aguas del Dniéper han vuelto a fluir por el Canal, así como por los 10.000 kilómetros de acequias, conductos y canales secundarios que aquél alimenta.

Inscribiendo lo anterior sobre el mapa de las operaciones, se comprende mejor el porqué de gran parte de las desarrolladas por las fuerzas rusas en el sur de Ucrania. El acceso al agua en Crimea es un tema que seguramente, en su momento, saltará sobre la mesa de las negociaciones si, en su caso, progresaran. Porque para comprender qué es lo que Putin realmente quiere, no basta con escucharle. Sobre todo, hay que interpretarle. Por eso hay que entender que, cuando habla de Crimea o del Donbás no se refiere a los límites precisos de la península o de los oblast de Donetsk y Luhansk. Ese vital Canal del Norte de Crimea estaría también incluido en el lote. O, dicho de otra manera, don Vladimir se referiría, como mínimo, a todo el territorio ucraniano al este del bajo Dniéper.

Pedro Pitarch, 29 de marzo de 2022

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