Wednesday, February 21

El día que un Papa impidió una guerra nuclear entre EE.UU. y la URSS


Durante la conversación telefónica que mantuvieron la semana pasada, Volodímir Zelenski agradeció personalmente al Papa la propuesta del Vaticano de mediar entre Kiev y Moscú. El número dos del Vaticano, Pietro Parolin, también explicó el ofrecimiento al ministro de exteriores ruso Serguéi Lavrov.

Francisco mantiene estos días contactos «bajo el radar» con otros líderes mundiales para detener la guerra y conseguir un alto el fuego. El pontífice ha condenado con contundencia la guerra, pero sin ofender a Rusia. No ha tenido ningún contacto directo con Putin
desde el comienzo de la guerra, pero en estos años se ha reunido tres veces con él en el Vaticano.

 primera vez que
un pontífice interviene para detener una escalada nuclear.

En octubre de 1962, el mundo entró en pánico cuando John Fitzgerald Kennedy reveló que Rusia estaba transportando hacia bases militares de Cuba cabezas nucleares que tenían capacidad de alcanzar a las costas de Florida en sólo 40 segundos.

Aunque Kruschev intentó quitar gravedad acudiendo al estreno en el Bolshói de la ópera ‘Boris Godunov’ en la que intervenía el cantante estadounidense Jerome Hines, el tono de las declaraciones públicas y amenazas aumentó exponencialmente, y el mundo se encontró de la noche a la mañana al borde de la guerra.

La mediación de Juan XXIII

Mientras unos 25 barcos soviéticos enviados por el líder soviético a Fidel Castro navegaban rumbo al Caribe, el presidente de EE.UU. ordenó el bloqueo naval de Cuba y exigió la retirada inmediata de los misiles, amenazando con atacar la isla.

La marina estadounidense se acercó a Cuba, y las naves soviéticas se mantuvieron a distancia para evitar provocaciones mientras esperaban nuevas órdenes. En paralelo, se rompieron todas las vías de comunicación entre Kennedy y Kruschev y comenzaron las presiones a ambos líderes para que no mostraran debilidad.

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Según el historiador italiano Agostino Giovagnoli, en aquellas horas de bloqueo el presidente de EE.UU. solicitó al entonces pontífice Juan XXIII un gesto que ayudara a encontrar una salida a la crisis, una excusa que le permitiera abrir un cauce de comunicación con Moscú.

El pontífice, de origen campesina pero con fino instinto diplomático (había sido años antes nuncio en París) decidió enviar una carta personal a ambos líderes el 24 de octubre, y lanzar un día más tarde, el 25 de octubre, un apelo mundial por la paz.

«Nubes amenazadoras comienzan a ensombrecer el horizonte internacional y a sembrar el pánico entre millones de familias», comenzó el Papa. A continuación apeló a «los graves deberes de quienes ostentan la responsabilidad del poder». «Que ellos, con la mano en el pecho, escuchen el grito angustioso que, desde todos los puntos de la Tierra, niños inocentes y ancianos, individuos y comunidades, elevan al Cielo: ¡Paz, paz!».

«Suplicamos a todos los gobernantes que no permanezcan sordos a este grito de la Humanidad. Que hagan cuanto esté de su parte para salvar la paz; así evitarán al mundo los horrores de la guerra, cuyas terribles consecuencias nadie puede prever», concluyó.

Confianza y lealtad

La propuesta de Juan XXIII era superar la guerra fría basada en el equilibrio armamentístico, sustituyéndola por la política de la confianza y la lealtad.

De alguna forma, sintonizaron con ella Kennedy y Kruschev. El viernes 26 de octubre, el líder de la URSS envío una propuesta personal de negociación a la Casa Blanca. Un día más tarde acordaron la retirada de las rampas de lanzamiento soviéticas en Cuba a cambio de que EE.UU. desmantelara las suyas de Turquía y se comprometiera a no invadir Cuba.

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Meses después, con una cordial felicitación de Navidad, Nikita Kruschev reconoció el papel del pontífice en la resolución de esta crisis.

En EE.UU, en enero de 1963 la revista ‘Times’ nombró a Juan XXIII Hombre del Año. Aunque el motivo principal fue su coraje para convocar el Concilio Vaticano II, también lo reconoció «por haber dado al mundo lo que no podían aportar ni la diplomacia ni la ciencia: un sentido de unidad de la familia humana». El Papa había evitado una guerra nuclear con consecuencias terribles para todos los pueblos.


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