Wednesday, May 25

El expresidente del Parlamento británico no podrá volver a entrar en la Cámara en toda su vida


Corresponsal en Londres
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El 31 de octubre de 2019 la función de ‘speaker’ de John Bercow en la Cámara de los Comunes llegó a su fin tras una década en la que su voz, al grito de «¡orden! ¡orden!», fuera la más escuchada. Reconocido como uno de los personajes más emblemáticos y polémicos del panorama político del Reino Unido, Bercow ha sido ahora condenado a no poder entrar en lo que le resta de vida en el Parlamento, después de que una investigación diera la razón a quienes lo acusaban de ‘bullying’.

El Panel de Expertos Independientes, que determina las sanciones ante denuncias contra los parlamentarios, lo encontró culpable de intimidar al personal y en el informe publicado lo califican como un «mentiroso» y un «acosador en serie», cuyo comportamiento «cayó muy por debajo de lo que el público tiene derecho a esperar de cualquier miembro del parlamento».

Actuar como un matón

Tanto así que, según los autores, si aún fuera diputado, recomendarían su expulsión, ya que aunque «corresponde a los historiadores juzgar si el demandado fue un exitoso orador y reformador» de la Cámara de los Comunes, «no había necesidad de actuar como un matón para lograr ese objetivo. Se puede ocupar un gran cargo con fuerza y eficacia sin caer en ese comportamiento», puntualizaron desde el comité.

«La conducta del demandado fue tan grave que, si todavía fuera miembro del parlamento, habríamos determinado que debería ser expulsado por resolución de la cámara. Tal como están las cosas, recomendamos que nunca se le permita un pase al parlamento», detallan las conclusiones, que confirman 21 de las 35 denuncias presentadas por Robert Rogers, lord Lisvane, exsecretario de los Comunes, y los secretarios privados Kate Emms y Angus Sinclair.

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Él lo niega

Como no podía ser de otra manera, Bercow respondió con furia declarando en un comunicado que «nunca he intimidado a nadie, en ningún lugar, en ningún momento y de ninguna manera» y descalificó la investigación diciendo que, además de que supuso «un enorme costo para los contribuyentes», es una «parodia de la justicia basada en prejuicios, despecho y rumores» que «fracasó estrepitosamente». «Al final, el panel simplemente dijo que se me debe negar un pase parlamentario que nunca he solicitado y que no quiero», aseveró y consideró que las conclusiones están basadas en «chismes».

El político, que en junio del año pasado anunció su adhesión al Partido Laborista tras trabajar la mayor parte de su vida en las filas tories, ya había presentado una apelación contra las conclusiones de un informe inicial en el que también salía mal parado y que no fueron aceptadas. Y es que, más allá de las denuncias formales, en los pasillos de Whitehall se comenta desde hace años que los insultos a los funcionarios y comportamientos como lanzar objetos, incluyendo su teléfono móvil, eran habituales, tal y como detalló un informe de la comisionada parlamentaria de estándares, Kathryn Stone, que encontró que el que fuera presidente del parlamento había mostrado una «conducta amenazante», así como continuas muestras de ira.

El investigado «no reconoce el impacto de su comportamiento», reza el informe, en el que los autores detallan que «en nuestra opinión, tiene poca o ninguna percepción de la forma en que se comportó».

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