Wednesday, April 10

José Ramón Iturriaga: Rusia impaga, Occidente gana



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Tras el batacazo del rublo de los últimos días, la deuda rusa denominada en dólares -la deuda en rublos viene a ser financieramente como los cromos de la Liga- no es sostenible. Rusia no puede hacer frente a los vencimientos y próximamente impagará. Así son las cosas. Ni quiere ni desde luego puede. Suena como algo muy grave. Nos recuerda los tiempos de la gran crisis financiera en la que los ‘default’ se concatenaban. Sin embargo, en este caso no tiene ningún impacto en la estabilidad del sistema. Hay que recordar que Rusia hizo borrón y cuenta nueva no hace tanto -finales de los años noventa- y que en los últimos años no ha necesitado endeudarse mucho por su privilegiada

 posición de balanza de pagos. El peso de las exportaciones de hidrocarburos y otras materias primas en su economía es tremendo -casi del 50% sobre el PIB-, lo que le ha permitido crecer sin necesidad de endeudarse. Lo anterior, sumado al mal historial de pagos ruso, hace que la deuda rusa en manos extranjeras sea testimonial. El peso que pueda tener en las carteras financieras de los grandes inversores institucionales es marginal por lo que no hay riesgo de un efecto dominó como hemos visto en otras ocasiones. Es un problema que se circunscribe exclusivamente a Rusia. Por lo tanto, ni se trata de un riesgo sistémico ni se dan las circunstancias para que lo que ha pasado con el rublo se traslade al resto de divisas de países emergentes.

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En el pecado llevan la penitencia. Y esa penitencia no va a ser precisamente llevadera. Con independencia de cómo y cuándo se acabe resolviendo la guerra en Ucrania, la vuelta al sistema va a ser prácticamente imposible con el régimen político actual. Visto lo visto, la confianza de los mercados no va a volver. En pocas semanas ha pasado de ser una economía mediana con un importante peso relativo por el peso de sus ‘comodities’ en el comercio mundial que disfrutaba de una situación hasta cierto punto privilegiada, a un paria. Un apestado con quien nadie quiere tener nada que ver. El tiro en el pie es colosal. Es otro de los resultados no deseados del envite suicida del presidente ruso.

Solo les queda China. Pero los chinos, más allá de las declaraciones grandilocuentes y gestos ambiguos a los que nos tienen acostumbrados, tampoco son el socio más fiable. Y menos en la situación de debilidad actual. Son sin duda la economía que más perjudicada puede verse si la coyuntura actual se prolonga. Su dependencia del precio de las ‘comodities’ y del consumo occidental es enorme. Además, todavía se están lamiendo las heridas de la última crisis -con implosión de la burbuja inmobiliaria incluida- como para que sean ellos los que con sus acciones prolonguen esta situación. Rusia se ha quedado sola por méritos propios. Quizá sean precisamente las consecuencias económicas de esta soledad que les va a costar muy caro lo que les lleve a cambiar el rumbo. Y esto pasa por el cambio de régimen. Si el impago de deuda ayuda, bienvenido sea.

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