Friday, September 30

La firmeza de Polonia ante el corte del gas ruso retrata a Alemania


Berlín
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En Polonia no ha sorprendido a nadie. Las instalaciones de almacenamiento de gas están llenas en un
76% de la capacidad de los depósitos y el Gobierno ha llevado a cabo una intensa política de diversificación de las fuentes de gas en los pasados meses.

Está previsto que Baltic Pipe entre en funcionamiento en octubre y, por lo tanto, al comienzo del próximo período de calefacción, un proyecto que compita con el controvertido gasoducto germano-ruso Nord Stream y que llevará el gas noruego a Polonia a través de Dinamarca. Varsovia ha dispuesto también otras fuentes alternativas de suministro, incluida una terminal de gas natural licuado (GNL) en la ciudad de Swinoujscie. Además, a partir del 1 de mayo entrará en funcionamiento un nuevo gasoducto que dará a Polonia acceso al gas desde una terminal de GNL en Lituania.

Por todos estos motivos, el primer ministro polaco declaraba ayer que «el suministro de gas está garantizado» después de que la compañía polaca de gas natural PGNiG confirmase la interrupción del flujo de gas ruso. «La situación no afecta al suministro de los clientes, que seguirán recibiendo el combustible», tranquilizó Mateusz Morawiecki, que considera la medida una «forma de chantaje, por negarnos a pagar el gas en rublos».

Morawiecki recibía la noticia en Berlín, después de una visita a Olaf Scholz en la Cancillería y a salto de caballo de varios encuentros con directivos de empresas alemanas, a los que trataba de convencer de la necesidad de dejar de comprar energía rusa porque con esas operaciones está Putin alimentando su maquinaria de guerra en Ucrania. La empresa PGNiG considera por su parte que se trata de un incumplimiento de contrato, en vigor hasta final del año, por el que se podrían reclamar daños y perjuicios.

Bulgaria, aparentemente menos preparada para esta eventualidad que Polonia, busca rápidamente alternativas, después de que la empresa Bulgaraz haya igualmente confirmado la interrupción de suministro ruso. Con la ayuda de empresas estatales, el gobierno búlgaro busca alternativas a los suministros rusos, muy exigentes.

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Bulgaria, con sus aproximadamente 6,5 millones de habitantes, espera que en junio esté terminada la conexión que le permitirá recibir gas desde Grecia, pero de momento cubre más del 90% de sus necesidades con importaciones rusas. Aún así el Gobierno asegura también que por el momento no habrá restricciones en el suministro de gas a domicilios particulares.

El asunto centrará sin duda el foro empresarial hispano-búlgaro, que se celebra hoy en Madrid y al que acudirá el presidente de Bulgaria, Rumen Radev, en la que será la primera visita oficial de un jefe de estado búlgaro en los últimos 23 años. Radev viaja acompañado de representantes de varias empresas búlgaras de los sectores de las tecnología de la información, el turismo, la agricultura y la construcción, que esperan impulsar proyectos conjuntos. Mantendrá también encuentros con el Rey Felipe VI y el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, con los que tendrá ocasión de comentar la nueva situación a la que se enfrenta la economía búlgara. Pero a nadie se le escapa que las consecuencias trascienden las fronteras nacionales de estos dos países.

«Bulgaria y Polonia son países de tránsito. En caso de retirada no autorizada de gas ruso entre las cantidades en tránsito hacia países terceros, los envíos de tránsito serán reducidos en las mismas cantidades», amenazó ayer el gigante energético ruso Gazprom.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, describió ayer esta interrupción del suministro de gas como «otra provocación del Kremlin… Pero ha vuelto a fracasar en su intento de dividir la UE». La UE, en todo caso, no estaba desprevenida. «
Polonia y Bulgaria recibirían a partir de ahora gas de los países vecinos», prometió para paliar la situación, y mostró satisfacción por el hecho de que la UE haya invertido en las conexiones en los últimos años.

La atención adicional ahora se está coordinando a nivel regional. La Comisión seguirá adelante además con el trabajo para reemplazar el gas ruso con gas natural y gas licuado de otros proveedores y en breve presentará propuestas sobre cómo se puede reducir aún más la dependencia de Rusia a través de una expansión más rápida de las fuentes de energía renovables y las inversiones en eficiencia energética.

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«La era de los combustibles fósiles está llegando a su fin y para siempre», sentenció Von der Leyen. La Presidencia francesa ha anunciado que convocará una reunión especial de ministros europeos de energía lo antes posible. Sin embargo, no comunicó nuevas sanciones específicas contra Rusia, a pesar de que el embajador de Polonia ante la UE pidió la puesta en marcha inmediata del sexto paquete de sanciones y la imposición del embargo de gas y petróleo.

Caída del 2% del PIB

Von der Leyen dejó claro que pagar el gas ruso en rublos es una clara violación de las sanciones de la UE, al menos si los contratos estipulan el pago en dólares o euros, pero según el servicio financiero Bloomberg, diez empresas europeas están dispuestas a seguir haciéndolo.

Cuatro ya lo han hecho, sirviéndose de la puerta de atrás que deja el decreto de Putin: las empresas envían euros o dólares a Gazprombank y el banco los convierte en rublos y los deposita en una cuenta en rublos para pagar desde allí la factura del gas. La Comisión y el Consejo no valoran esta práctica como una violación de las sanciones.

La política de Gazprom afecta al mapa de suministro ruso a Europa en su conjunto. El gas ruso fluye a través del gasoducto Yamal hacia Alemania, Nord Stream 1 está operativo, pero Nord Stream 2 no. El oleoducto South Stream nunca se materializó y Gazprom opera las instalaciones de almacenamiento de gas natural en Rheden, Haidach, Jemgum y Etzel, en parte en cooperación con corporaciones europeas.

El país más expuesto a que Putin corte el grifo del gas es Alemania, que tras enormes esfuerzos ha reducido su dependencia del gas ruso desde el inicio de la invasión de Ucrania hasta el 35% de sus necesidades pero cuya economía no lograría prescindir por completo todavía de esta fuente de energía. El Bundesbank alemán calcula que la ausencia de gas ruso reduciría el PIB en un 2% este año y llevaría a una recesión, datos que confirma la nueva rebaja de las previsiones de crecimiento que publicó ayer el ministro de Economía y Clima, Robert Habeck, que ha reducido la dependencia del petróleo ruso al 12% y anuncia que la independencia total es «cuestión de días», reconoce sin embargo la necesidad del gas y admite no descartar que «Rusia corte el suministro de gas a Alemania».

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De darse el caso, el Programa Nacional de Alarma, cuyo primer nivel ha sido ya activado, prevé en su tercer nivel que los hogares y el sector sanitario tengan prioridad de suministro de gas sobre las empresas. Pero tanto el presidente del Consejo de Supervisión de la energética Eon como la directiva de Lufthansa se pronunciaron ayer a favor de invertir ese orden de prioridades. «Toda la economía, y por tanto también los ingresos de las familias dependen de la capacidad de la industria para seguir trabajando», defendió Karl-Ludwig Kley. Cuando se le preguntó si diría lo mismo cuando las familias no dispongan de calefacción en invierno, respondió que «en el peor de los casos, sí».

El representante del Gobierno polaco para la infraestructura energética estratégica, Piotr Naimski, aseguró ayer que el gas continuará fluyendo a Alemania (la locomotora europea) a través de Nord Stream 1. Sin embargo, fuentes de Economía confirman que la actividad es «febril» para sustituir la provisión rusa, en previsión de que Putin tome la misma medida como represalia al reciente anuncio de envío alemán de armamento pesado a Ucrania. «Nos preocupa ver que las entregas se han detenido en los socios europeos», reconoció ayer el ministro Habeck, «y estamos en estrecha coordinación con la UE para resolver la situación».

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