Tuesday, February 7

Lesther Alemán, el líder estudiantil que se encaró con Daniel Ortega



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Lesther Alemán, fundador de la Alianza Universitaria Nicaragüense, es un icono estudiantil. Pronunciar su nombre es recordar aquel 16 de mayo de 2018, cuando arrancaba la mesa de diálogo –en la que participaban el presidente Daniel Ortega y representantes de la sociedad civil, con la mediación de la Iglesia– para que terminaran las protestas en las calles de Nicaragua. Aquel día, este estudiante de comunicación, de 20 años, se encaró al presidente sandinista.

«¿Por qué estoy hablando y por qué me salto la palabra suya? Porque nosotros (los jóvenes) hemos puesto los muertos, nosotros hemos puesto los desaparecidos, nosotros los hemos puesto», le espetó en un acto que estaba siendo retransmitido en directo por televisión. «Hoy nosotros

 le pedimos: esta no es una mesa de diálogo, es una mesa para negociar su salida y lo sabe muy bien porque es lo que el pueblo ha solicitado».

Habían transcurrido 28 días desde el inicio de las protestas, el 18 de abril, por la modificación de la seguridad social. Cuatro semanas desde que comenzara la represión contra los pensionistas que salieron a las calles a clamar contra ella, represión que se extendió a los jóvenes que acudieron a apoyar a sus mayores. Había transcurrido casi un mes desde que comenzaron a sumarse los muertos, los heridos, los desaparecidos y los detenidos. El balance final de las protestas se elevaría, meses después, a casi 400 muertos, muchos de ellos estudiantes, asesinados por francotiradores con un tiro en la cabeza.

«Mi hijo en ningún momento ha inestabilizado al país, solo alzó su voz contra las injusticias»

Aquel 16 de mayo Alemán pidió a Ortega, jefe supremo de la Policía Nacional y del Ejército de Nicaragua, «el cese de estos ataques, de la represión y de los asesinatos por parte de las fuerzas paramilitares, de sus tropas, de las turbas adeptas al Gobierno». Héroe para muchos, Alemán se convirtió en un villano para el régimen. Tuvo que vivir en la clandestinidad, salir del país, dejar sus estudios y ver cómo su familia era acosada. Pero eso no silenció su voz. Y siguió siendo incómodo. Y quienes les conocen, saben que Daniel Ortega y Rosario Murillo no olvidan.

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El pasado 6 de julio Alemán fue detenido. Se convirtió en una de las víctimas de la cacería emprendida por el líder sandinista de cara a las elecciones de noviembre en las que anhelaba –y logró– revalidar su poder. Para ello, el régimen detuvo a siete precandidatos a la Presidencia, pero también a líderes estudiantiles, de los campesinos, de los medios de comunicación y del sector empresarial. Desarticulaba así cualquier oposición y neutralizaba un posible intento por reavivar las protestas.

Alemán, como muchos de los otros detenidos, fue acusado de conspirar, según una de las leyes creadas a medida de las ambiciones de Ortega –y de Murillo–. La semana pasada –cuando comenzaron los juicios– fue declarado culpable en un proceso lleno de irregularidades. Entre las pruebas aportadas por la Fiscalía, un vídeo que recoge el discurso épico de aquel 16 de mayo. «Mi hijo en ningún momento ha inestabilizado al país, solo alzó su voz porque estaba viendo las injusticias que se estaban cometiendo en el país, tantos compañeros muertos, a él le rebasó y fue que alzó su voz en contra de la injusticia», reclamaba Lesbia Alfaro, tras conocer la condena de su hijo, cuya salud se ha deteriorado gravemente en estos meses, y que, asegura, es víctima de un juicio «por odio». Y reivindica con dolor: «Mi hijo es inocente». La Fiscalía pide para él 15 años de cárcel.

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