Monday, February 6

los planes fallidos de Putin enquistan el conflicto


Madrid
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El 24 de febrero Vladímir Putin lanzó una ofensiva en toda regla para apoderarse de Ucrania, que él bautizó como «operación militar especial», pero que, de hecho, es la mayor agresión de un estado sobre otro desde la Segunda Guerra Mundial. Bombardeó todos los aeródromos, infraestructuras civiles, militares y de comunicación para anular la capacacidad de respuesta ucraniana al tiempo que lanzaba sus tropas por tierra con tres objetivos fundamentales: desde el este, desde la zona que ya controlaba en el Donbass, hacia el oeste con dirección Járkov, Dnipro, Zaporiyia y Mairúpol; desde el norte en dirección Kiev, vía Chernigov y Chernóbil, para tomar la capital y rodear Járkov; y desde el sur, desde su ya conquistada Crimea, hacia el este sobre Mariúpol y Melitópol, y hacia el oeste para rodear Odesa por tierra antes de lanzar un desembarco anfibio sobre esta estratégica ciudad.

Dos meses después de comenzada la invasión Putin no ha conseguido ninguno de sus objetivos estratégicos. Mariúpol ha sido arrasada pero sus últimos resistentes se mantienen activos en la acería Azovstal, lo que constituye una piedra en el corredor que une Crimea con el Donbass. Una importante contraofensiva ucraniana obligó a los rusos a retirarse del norte del país y olvidarse de tomar Kiev, mientras 40.000 soldados ucranianos defienden Kramatorsk, Sloviansk y Járkov, en el este de Ucrania. En el sur, la infantería rusa se estancó en Mykolaiv, nunca lograron acercarse a Odesa y solo controlan Jersón, probablemente la única ciudad que han logrado tomar en estos dos meses. El dictador ruso se jactó hace unos años ante Occidente de que podría tomar Kiev en 48 horas si quería. Resultó ser una bufonada.

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