Monday, September 26

«Más peligrosos que los malvados son los estúpidos»


La reforma educativa amenaza con diluir la importancia que tiene la asignatura de Historia en la formación de los niños y los adolescentes. No solo por el encaje a la fuerza que hace de la llamada Memoria Democrática, de la que la Real Academia dice literalmente que tal y como está redactada «no es Historia», sino porque sugiere abordar los episodios históricos por bloques temáticos en vez de manera cronológica e incluye la obligación, entre otras cosas, de estudiar la materia desde algo tan poco histórico en apariencia como son los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la perspectiva de género, el ecologismo y
otros bloques que rozan lo abstracto… En Bachillerato, además, los saberes de la historia de España

 quedan reducidos casi exclusivamente a hechos anteriores a 1812.

«Es simple estupidez»

Arturo Pérez Reverte. – jaime García.

«Si fuese un plan deliberado para convertir a los chicos en analfabetos de su propia memoria, fácilmente manipulables por quiénes reescriben la historia para ajustarla a sus intereses políticos, sería al menos admirable por lo eficaz. Pero lo triste es que ni siquiera responde a un plan, sino que se trata de simple estupidez. Y más peligrosos que los malvados son los estúpidos».

Arturo Pérez Reverte es escritor.

«Un relato presentista»

«Aparte de que el orden cronológico de los acontecimientos es consustancial a la Historia como disciplina académica, y por tanto no se puede prescindir de él en la enseñanza, los bloques que diseña el curriculum son propios de una asignatura de pseudo-ética. Por cierto, hay una excepción: la periodificación sí vale para estudiar la II República, la Guerra Civil y el Franquismo. Por supuesto, no se trata de estudiar la Historia de esos periodos, sino usar la escuela pública para difundir el relato publicístico que se ha popularizado con el nombre de
“Memoria democrática”. Y que ni siquiera sirve para enseñar a los alumnos qué es una democracia, sino para divulgar los postulados ideológicos que patrocinan los partidos actualmente en el poder.

En la enseñanza universitaria, los alumnos deben recibir una formación que contemple todos los periodos de nuestra Historia, que en España ni mucho menos empieza en 1808. El ferrocarril, el teléfono, la aviación, el sufragio universal, el jurado, el constitucionalismo o la legislación social no existirían sin la acumulación de conocimientos de las épocas anteriores a la contemporaneidad. De todas formas, no se trata de enseñar mejor la Historia Contemporánea, sino de condicionar la libertad de cátedra para imponer un relato teleológico y presentista para que la escuela pública deje de transmitir saberes y ponerla al servicio de determinadas concepciones ideológicas. El espíritu crítico, que tanto aparece en el currículo, no se fomenta al margen de los conocimientos, sino que nace de la libre contraposición de éstos una vez asimilados».

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Roberto Villa es profesor titular en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.

«Si le quitas el marco, ya no es Historia»

«
La historia no nace en 1812 y todo intento de focalizarlo en los siglos XIX y XX es un error capital. Para entender la Historia en general y de nuestra historia en particular hay que buscar las raíces en la Edad Media y en cómo se gestiona el legado romano. Como historiador, me parece un grave error excluir un periodo. Por otro lado, creo que cualquier perspectiva nueva es aceptable siempre y cuando el marco y la estructura perduren. Los cambios de perspectiva no me preocupan, lo que me preocupa es el ataque a la disciplina, a su razón de ser. Si le quitas el marco específico, ya no es Historia, sino otra cosa. Afortunadamente, como la Historia es una disciplina internacional, que va de Nueva Zelanda a Alaska, lo que se haga en un país tan atrozmente gobernado como el nuestro es solo hacer el ridículo.

Ruiz-Domènec
Ruiz-Domènec – Julián de Domingo

A mí lo que más me preocupa de este proyecto es que se pierda la cronología. Se ha dicho siempre desde todas las escuelas que la cronología es el esqueleto de la Historia, sin esqueleto se podría colocar en un sitio inadecuado, el fémur en la cara… Esta pretensión, sin embargo, ya viene de lejos, pues un malentendido marxismo entendía la Historia como una secuencia de formas productivas y muchos autores envenenaron durante mucho tiempo a la gente con estas ideas, pero fracasaron en las grandes universitarias e hicieron el ridículo. Ahora están en otra labor propia de nuestro siglo frívolo. La historia que se haga debe respetar la cronología y el marco conceptual. La cronología son los detalles. Es una disciplina que lleva así más de 2500 años y ahora quieren cambiarla porque se creen muy listos. Es pobre gente gobernando problemas que les pillan grandes».

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José Enrique Ruiz-Domènec es catedrático de Historia Medieval en laUniversidad Autónoma de Barcelona.

«El proyecto no es nada democratico»

«Considero que la reforma parte de una visión de memoria corta y sectaria que reduce la historia de España al periodo contemporáneo e incluso a tiempos más recientes. Supone un adanismo tremendo por el que prácticamente se da a entender que el concepto de España fue inventado por Franco hace cinco minutos. Todo se centra en el siglo XX y se desprecia la memoria larga del país.

García Cárcel
García Cárcel – Inés Baucells

Coincido, asimismo, con la Real Academia de Historia cuando dice que el concepto de Memoria democrática, tal y como está redactada por el Gobierno, no forma parte de la Historia. Se consideró primero el concepto de Memoria Histórica en el que se refundían dos conceptos que no son iguales: se convertían en sustantivo el memoria, y se hacía adjetivo el histórica. Esto ya en su momento muy cuestionado y ahora han elegido el concepto democrático, que tampoco tiene sentido. El proyecto no es nada democratico, es muy sectario, pues intenta convertir la memoria es una historia de buenos y malos. Aquí el problema está en el simplismo ideológico al que se agarra el proyecto. Todo esto conduce a una imagen de la Historia convertida en una mercancía maleable por las ideologías, una historia que no es ciencia, sino plastilina».

Ricardo García Cárcel es catedrático de Historia Moderna en la Universidad Autónoma de Barcelona.

«No es más ni menos que indoctrinar»

Felipe Fernández-Armesto
Felipe Fernández-Armesto – José Ramón Ladra

«Para mí, sería mejor si el Estado abandonara la responsabilidad de educar a los jóvenes, devolviéndola a los padres y a las comunidades religiosas. Ni comparto los objetos ni los motivos -ni políticos ni económicos- de los estados. Pienso que la educación sirve o debe servir sólo para mejorar la vida y preparar la muerte. Estudiar Historia –por lo menos en mis clases– conduce a la felicidad de un individuo ensanchando los límites de sus intereses intelectuales, situándole en su morada vital (para poder comprender porqué su cultura, sus paisajes, sus calles, su ambiente, su comida, sus gustos son cómo son) y facilitándole medios racionales e inteligentes de criticar los textos, la retórica, las imágenes y las mentiras que le rodean. Y se prepara la muerte aprendiendo a compartir los pensamientos y emociones de gente de otros tiempos y otras culturas, sin condenarla por habitar un mundo distinto o pensar de formas ajenas. O sea, es como una ciencia de comprensión humana.

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Todo eso de inculcar valores cívicos, etc., no es más ni menos que indoctrinar. En EEUU no me atrevo a alabar el sistema pero es mejor, desde luego, que en España, ya que aquí por lo menos respetamos el principio de subsidiariedad -dejando las escuelas en manos de autoridades muy locales – y tenemos un enorme sector de colegios auténticamente católicos, que, por malos que sean o por viciados de normas profanas, ofrecen a sus alumnos un camino que no sea de este mundo. Pero en fin lo que cuenta no es el currículum, sino la habilidad de un buen profesor de trascenderlo».

Felipe Fernández-Armesto es catedrático de Historia Mundial y Ambiental del Queen Mary College de la Universidad de Londres.

«Nos quedará el siglo de las guerras civiles

«Sin cronología no hay hechos ni devenir ni causalidad y todo queda al albur de los deseos y las emociones, que por la esencia de su naturaleza son individuales y no necesitan anclarse en la realidad de los hechos: desaparece la obligación moral de servir a la verdad porqué la misma verdad desaparece. Y la misma idea de España se
mutila y se ignora: ni lucha contra musulmanes, ni descubrimiento y conquista de América y la creación del Imperio… Nos quedará el siglo de las guerras civiles y la izquierda y los nacionalistas…»

Pedro Antonio Heras, profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Tarragona.

«Es preciso mayor énfasis en contemporaneidad»

«Prefiero el estudio cronológico. Al fin y al cabo el tiempo es la materia prima del historiador. Sí, es preciso mayor énfasis en la contemporaneidad, el análisis del tiempo más próximo, permite aproximarnos al tiempo del alumno y facilitar la conexión entre pasado y presente».

Ángel Bahamonde, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad Carlos III de Madrid.


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