Thursday, February 2

Moscú y Kiev negocian la paz mientras siguen los bombardeos


CORRESPONSAL EN MOSCÚ
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Una de las condiciones imprescindibles para poder entablar conversaciones de cara a detener un conflicto fue siempre una tregua mientras duraran los esfuerzos de aproximación entre las partes, pero tal planteamiento parece haber pasado a la historia. Ayer comenzó la cuarta ronda de negociaciones de paz entre las delegaciones rusa y ucraniana mientras la guerra continuaba destruyendo infraestructuras y matando a civiles.

El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, sufrió ayer un acceso de sinceridad y aseguró que el hecho de que las tropas rusas no hayan entrado a saco en ciudades como Kiev, Járkov, Mariúpol, Sumy o Chernígov no quiere decir que no lo vaya a hacer. «Al comienzo de la operación, el presidente ruso ordenó al Ministerio de Defensa que se abstuviera de asaltar de inmediato las zonas pobladas, incluida Kiev, debido al hecho de que las formaciones nacionalistas armadas están colocando equipo militar pesado justo en áreas residenciales», declaró ante los periodistas acreditados por la Presidencia rusa.

Según su explicación, «los combates en las ciudades provocarán inevitablemente grandes pérdidas entre la población civil», pero no dijo ni palabra de los bombardeos que están asolando Mariúpol o Járkov, por ejemplo, y causando miles de muertos y heridos. Sin embargo, Peskov subrayó también que «mientras se garantiza la máxima seguridad para la población civil» no se puede excluir la posibilidad de establecer un control total sobre las grandes ciudades de Ucrania «que ya están rodeadas».

El portavoz presidencial precisó además que «las Fuerzas Armadas rusas operan con armas modernas de alta precisión, atacando solo las instalaciones militares e infraestructuras de información. Todos los planes de la dirección rusa se implementarán en su totalidad dentro del plazo aprobado de antemano», pero no precisó las fechas.

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Pausa técnica

Y, con este desmoralizante preludio a cargo de Peskov sobre la inexorable aplicación de la agenda bélica de Vladímir Putin, se reunieron ayer por cuarta vez los negociadores rusos y ucranianos. Esta vez no en territorio bielorruso, sino por videoconferencia. Las conversaciones se interrumpieron hasta hoy. Según el negociador ucraniano, Mijailo Podoliak, asesor también del presidente Volodímir Zelenski, «hemos acordado una pausa técnica hasta mañana (…) para seguir avanzando en los subgrupos de trabajo y aclarar algunas cuestiones».

Zelenski ya advirtió que esta cuarta ronda será «difícil». El pasado jueves hubo también un encuentro en Antalya (Turquía) entre los ministros de Exteriores de los dos países, Serguéi Lavrov y Dmitro Kuleba, aunque sin resultados aparentes. Podoliak señaló que el objetivo de los actuales contactos es «el cese inmediato de las hostilidades y la retirada total de las tropas rusas del territorio de Ucrania».

Según Zelenski, las delegaciones deben también acordar «una reunión de los presidentes de ambos países», durante la que Putin será emplazado «a conferir a Ucrania garantías plenas de seguridad». Peskov cree que una cumbre de Putin y Zelenski es algo «conceptualmente posible». «Pero antes, las delegaciones deben hacer su trabajo para que el encuentro arroje resultados». A este respecto, Lavrov estimó la semana pasada que «no se puede convocar una reunión por el solo hecho de mantener una reunión (…) debe posibilitar acuerdos específicos».

El primer ministro ucraniano, Denys Shmyhal, mantuvo ayer una reunión telemática del llamado Triángulo de Lublin con sus homólogos de Polonia y Lituania, Mateusz Morawiecki e Ingrida Simonyte, y les repitió lo que toda la cúpula ucraniana viene pidiendo desde el comienzo de la guerra, la creación de una zona de exclusión aérea sobre el cielo del país. Afirmó que tal medida «salvaría miles de vidas» de civiles.

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Necesidad de que Occidente envíe más armas

También Kuleba volvió a insistir a través de Twitter en la necesidad de que Occidente envíe más armas a Ucrania a fin de «evitar que otros países se vean involucrados y la guerra sea mayor». Según sus palabras, «Ucrania está luchando con éxito. Necesitamos vuestro respaldo. Suministradnos todas las armas necesarias y ayudad a propiciar el fracaso de Putin».

En el frente, las tropas rusas apenas progresan, salvo en el Donbass y en la zona de Mykolaiv. Siguen sin poder penetrar en las ciudades sitiadas, pero mantienen el castigo mediante ataques aéreos, de misiles y de la artillería pesada. En Kiev cayeron ayer varios proyectiles que impactaron edificios de viviendas y causaron al menos dos muertos. La fábrica de aviones Antónov también resultó alcanzada por las bombas. Se contabilizaron también dos muertos en Járkov y nueve fallecidos en la localidad de Antopil, cerca de Rivne, en el oeste del país, durante un ataque con misiles contra una torre de televisión.

Los cabecillas rebeldes informaron ayer de un supuesto ataque de las tropas ucranianas contra Donetsk con un misil que fue interceptado y cuyos restos alcanzaron a un grupo de transeúntes en plena calle. El balance inicial era de 20 muertos, que luego fue corregido a 16, y Moscú lo elevó a 23, calificándolo de «crimen de guerra».

No obstante, la ausencia casi total de prensa occidental en el Donbass separatista hace imposible verificar si el cohete fue realmente disparado desde las posiciones ucranianas o fue un error de las fuerzas rebeldes, que combaten para expulsar de la provincia de Donetsk al Ejército ucraniano. Mariúpol es uno de los centros de población del Donbass todavía bajo control ucraniano, pero sitiado y en condiciones humanitarias insufribles.

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