Thursday, February 2

«Pablo no merece salir por el garaje»



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Algunos barones llevaron los cuchillos bien afilados a la reunión en Génova con el todavía presidente nacional del PP, Pablo Casado, al que querían sacrificar, y si podía ser en la plaza pública, mucho mejor. «Hubo un ajuste de cuentas en toda regla. Ciertos barones se la tenían guardada y encontraron ahí la ocasión», comentan desde la sede nacional del partido.

La primera en llegar la tarde del miércoles a Génova, 13 fue la presidenta del PP de Navarra, Ana Beltrán, que también es vicesecretaria de Organización y una de las personas más leales a Casado. Desde el principio hasta el final. Sobre las siete y cuarto se presentó
Alberto Núñez Feijóo, con parte de su equipo de confianza.

El presidente gallego se reunió primero a solas con Casado durante hora y media para pactar una salida ‘honrosa’ para el político de Palencia. «Es justo que se le permita seguir hasta el congreso y salir con la cabeza alta, por respeto a él, pero también al cargo que tiene en el PP. Pablo no merece salir de Génova por el garaje», comentan entre los que han mantenido su lealtad. «Es que no ha hecho nada», insisten, aún incrédulos ante el terremoto que ha derribado el proyecto de Casado en apenas siete días.

Solo faltaron a la ‘cumbre’ de presidentes regionales del PPAlejandro Fernández (Cataluña), operado en una rodilla, y Marga Prohens (Baleares), por motivos personales. Según llegaban a Génova, los barones lanzaron dos mensajes: apoyo total a Feijóo como nuevo líder del PP y avisos de que a Casado había que escucharle, pero poco más. La mayoría quería salir de la sede del partido esa noche con la cabeza de su presidente en una estaca:barones que se habían visto ninguneados, desplazados o pisoteados en ese proceso de renovación territorial iniciado por Teodoro García Egea, o que habían sufrido las formas ‘autoritarias’ y con nula mano izquierda del secretario general en muchas de las decisiones tomadas desde Génova. Había llegado el momento de pasar factura, y si ya no estaba García Egea, dimitido el día anterior, tocaba apuntar a Casado, adversario y ganador ante Soraya Sáenz de Santamaría en las primarias. Hay cosas que en un partido no se olvidan. Otros presidentes asumían, sin más, que su tiempo había acabado.

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Los barones se encontraron delante con un presidente aparentemente tranquilo y entero, incluso sonriente y afectuoso en los saludos. Ese hombre les confesó que anímicamente lo estaba pasando mal y que era un momento muy complicado y difícil para él y para su familia. Casado justificó todo lo que había hecho, sin entender cómo se había llegado a ese punto: «He podido hacer algo mal, pero no he hecho nada malo».

Batalla hasta el final

Dirigentes de su confianza, que han hablado con él varias veces desde que estalló toda esta guerra civil en el PP, comentan que hasta el martes por la mañana aún creía que podía salir victorioso de este momento complicado. García Egea le hizo creer que podrían tener apoyos suficientes para dar la batalla en la Junta Directiva Nacional. Sin embargo, uno de las personas que han mantenido su lealtad a Casado hasta el final, le advirtió con claridad cuando empezó el goteo de dimisiones en su equipo de confianza:«Jefe, estamos muertos». Cuando perdió el respaldo del Grupo Parlamentario Popular, entendió por fin que había perdido y el martes por la tarde logró que García Egea accediera a dimitir.

Así, el miércoles pudo entregar a los barones la cabeza del secretario general y la convocatoria de un congreso en la Junta Directiva Nacional, y recuperar algo de fuerza para pedir una salida menos dolorosa para él. «Quería despedirse ante el plenario del congreso con un discurso, y marcharse igual que como llegó, para cerrar así su etapa», comenta uno de los líderes territoriales.

Los presidentes regionales se sentaron junto a Casado en la segunda planta de Génova, en una reunión que duró unas cuatro horas y media y acabó cerca de la una y media de la mañana del jueves. «No fue nada fácil, porque ves a una persona sufrir, que lo está pasando mal, y es muy difícil», explica uno de los participantes.

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Casi todos los barones hicieron el mismo análisis, aunque algunos fueron especialmente incisivos al explicar con detalle lo que la gente, los militantes, pensaban de él y de la situación creada por su enfrentamiento con Isabel Díaz Ayuso. Dijeron a Casado que la situación era límite, que debía concluir su etapa de una vez, sin pérdida de tiempo y debía dar paso a un nuevo liderazgo de forma inmediata. Le reprocharon que no les hubiera escuchado antes y que se atrincherara en una posición insalvable. «Tienes que hacer un último favor al partido y echarte a un lado, para dejar paso a Feijóo». Los barones se volcaron en elogios al líder gallego. «Feijóo es como Messi, no se puede discutir que es el mejor», asegura uno de ellos. «Salimos ganando», redondea otro.

El aún presidente escuchó a todos y cuando tomó la palabra dejó claro que él «no iba a ser el problema». Insistió en que la situación era «muy injusta», porque «no había hecho nada malo», pero no sería un obstáculo para el PP. «Yo soy un servidor público, no voy a hacer nada que perjudique el partido, lo importante es España y siempre estaré al servicio de España y del PP».

En plena reunión, se pidió a los presidentes regionales que dejaran los móviles en una esquina de la mesa, porque se estaban produciendo «filtraciones» a la prensa de lo que estaban hablando. A esas alturas se sabía, por ejemplo, que la mayoría estaba pidiendo a Casado que abandonara esa misma noche, sin perder un minuto más. Y también que faltaba por hablar Feijóo, que al final diría la última palabra sobre la salida que permitirían tener al presidente nacional del PP.

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Cuando acabaron los turnos de palabra, Feijóo y Casado salieron de la sala para redactar un comunicado. Se acordó que el líder del PP, que llegó a la presidencia con toda legitimidad en las primarias de 2018, se mantendría en el puesto hasta el congreso extraordinario. Cuca Gamarra se haría cargo de las funciones orgánicas del partido, y Esteban González Pons de la organización del congreso. Los barones dieron el visto bueno al acuerdo por unanimidad, porque tenía el respaldo de su nuevo líder, Alberto Núñez Feijóo.

«La política es cruel, pero no hay que echar más leña al fuego, hay que mirar al futuro porque somos la esperanza de mucha gente», concluye uno de los barones.

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