Wednesday, April 17

«Putin, con su testosterona y fotos absurdas, pretende emular la fuerza de Stalin e Iván el Terrible»


El nuevo ensayo de Laurence Rees no podría haber llegado en un momento más oportuno. ‘Hitler y Stalin. Dos dictadores y la Segunda Guerra Mundial‘ (Crítica) arriba al calor de una guerra que, además de atesorar una infinidad de similitudes con los años treinta y cuarenta, está dirigida por un director de orquesta con tintes tiránicos. El periodista y cineasta anglosajón –recalca que no se formó como historiador en sus comienzos– se muestra incisivo para la grabadora de ABC. No se muerde la lengua al hablar del presidente de Rusia –del que afirma que pretende emular a Stalin e Iván el Terrible– y, con su ojo análitico, se muestra escéptico con el conflicto. En sus palabras, la nueva

 URSS que pretende alumbrar el
zar del siglo XXI no llegará a conformarse, pero, por el camino, costará detener sus pasos hacia Occidente. Aquí van sus palabras…

¿Cuál es la mayor novedad que aporta su trabajo?

Tengo que decir que el mayor privilegio que he tenido en mi vida y en mi trabajo ha sido poder viajar por el mundo y conocer a gente extraordinaria que vivió el Tercer Reich y la
Segunda Guerra Mundial. Y no solo he podido conocer a las personas que sufrieron, sino también a los perpetradores, lo que en parte ayuda a comprender cómo todo ese horror fue posible. Después de la Universidad no me formé como historiador académico, sino como periodista y cineasta para la BBC. Siempre quise hacer documentales históricos, y lo logré. Creo que la clave que permitió que lo consiguiera fue la habilidad de encontrarme con gente que realmente vivió esa época. Y ese es mi mayor privilegio. Descubrí que, de esa forma, puedes conectar con la historia de un modo que sería imposible si solo leyeras sobre esas personas en los libros de historia.

¿Cómo es el trato con esas personas?

Al hacerle preguntas puedes obtener respuestas sorprendentes y diferentes. Por eso creo que conocer a esas personas cambió mi forma de ver el mundo. De hecho, publiqué un libro sobre todo esto, titulado ‘The Darkest Hour‘, donde recojo treinta o cuarenta de mis encuentros más memorables, y en el que presento un ensayo sobre todo lo que aprendí en cada uno de ellos.

¿Un ejemplo de alguna historia que le haya marcado?

Conocí a un hombre llamado Toivi Blatt. Fue un judío polaco enviado a Sovivor. Este, como Treblinka, era lo que se conoce como un campo de exterminio autónomo, a diferencia de Auschwitz, que también era un campo de concentración. Si llegabas a Sovivor, era casi seguro que serías enviado a una cámara de gas. Solo en raras ocasiones los nazis escogían a alguien para trabajar en el campo. Toivi fue uno de ellos y se convirtió en los llamados ‘Sonderkommandos’. Esta gente era forzada, a riesgo de perder su propia vida, a hacer tareas horribles en el campamento, como afeitar el pelo de la gente antes de que entrase en las cámaras de gas o clasificar la ropa de los judíos asesinados. Era un viaje al infierno.

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Le pregunté a Toivi qué aprendió sobre estas experiencias y me dijo, textualmente: ‘Solo aprendí que nadie se conoce a sí mismo. Que no puedes saber cómo te vas a comportar ante cualquier situación antes de enfrentarte a ella’. Pensé que era una revelación profunda, que quizás podría hacernos más humildes cuando pensamos qué haríamos nosotros si estuviéramos en circunstancias terribles. No lo sabemos. Nadie se conoce a sí mismo.

¿A quién se parece más Putin, a Hitler o a Stalin?

Para responder a esta pregunta es necesario hacer un aviso. Recuerdo que, durante la guerra de Irak, los políticos estadounidenses decían que Saddam era otro Hitler. Pero, por supuesto, nunca podrá haber un nuevo Hitler, porque él fue un producto único de su herencia genética y de las circunstancias culturales del tiempo en que vivió. Por eso no puedes decir si Putin es un nuevo ‘Führer’ o un nuevo Stalin.

¿Entonces, no se pueden comparar?

Se puede intentar. Putin se ve a sí mismo como parte de la tradición rusa de líderes masculinos fuertes. Eso encaja con Stalin, que estaba fascinado a su vez con la barbarie de Iván el Terrible. No sé si ha visto usted las fotografías de Putin. En ellos aparece en posiciones realmente cómicas: montado en un caballo sin camiseta en medio del campo, haciendo judo o subido a una moto potente. Toda esta testosterona de la que nos reímos en el Oeste, porque Putin no es muy impresionante físicamente, no es divertida en Rusia. Allí se valora que una persona demuestre su fuerza. Hace años, cuando filmaba una serie y entrevistaba a gente que vivió durante la época de Stalin, algunos dijeron que aceptaban lo que hizo porque era un líder fuerte. Y Rusia es tan grande que tienes que ser un líder fuerte y proyectar ese poder.

¿Eso es lo que está haciendo Putin?

En efecto. Putin lo está haciendo al ordenar la invasión de Ucrania. Para Occidente es muy difícil verlo y entenderlo, pero es así. Si tenemos en cuenta esa herencia, no creo que se eche atrás en esta invasión. Preocupa pensar en un buen final para esta guerra; o si habrá un final.

Stalin, durante uno de sus discursos
Stalin, durante uno de sus discursos

¿Y tiene alguna relación con Hitler?

Putin no se parece a Hitler, al menos en sus objetivos. Su sueño es reconstruir la Unión Soviética, y no puede hacerlo sin causar una guerra nuclear porque gran parte de antigua URSS, por ejemplo los los estados bálticos, está hoy en la
OTAN.

¿No tiene capacidad su ejército de derrotar a la OTAN?

Las fuerzas terrestres rusas no son rival para las tropas de la OTAN. Además, un enfrentamiento entre ambas potencias acabaría de dos formas: en la derrota de Putin o en que Rusia emplease sus armas nucleares. Lo que se suele obviar es que ninguna daría la victoria a los rusos.

¿No se parece, entonces, en nada a Hitler?

Hay un punto en el que no son tan distintos. Hitler decía en privado que temía morir antes del final de la Segunda Guerra Mundial debido a su avanzada edad. Necesitaba que el conflicto fuera lo antes posible para poder dirigirlo. Putin va cumplir 70 este año. No lo sabemos, pero quizás se sienta empujado a actuar en Ucrania porque quiere encontrar su sitio en la historia de Rusia, convirtiéndose en un líder fuerte, como Stalin o Iván el Terrible, y piensa que no le queda mucho tiempo. Quizás esto le influyó; no podemos saberlo, pero es lo que la historia nos ha enseñado que podría ser una posibilidad.

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¿Cómo trataron Hitler y Stalin a Ucrania?

Esta es una pregunta fácil de responder, al contrario que algunas de las otras. Ambos la trataron de forma espantosa. Stalin tuvo un papel central en la muerte por inanición de cerca de cuatro millones de ucranianos en una hambruna ocurrida a comienzos de los años treinta. La razón está vinculada con la colectivización de las tierras agrícolas y con llevarse los alimentos de Ucrania hacia el resto de la
Unión Soviética. Lógicamente, esto provocó un enorme resentimiento entre los ucranianos hacia el regimen soviético. Fue un crimen horrendo del que muy poca gente ha oído hablar. Hitler, por su parte, tuvo muy claro que estaba llevando a cabo una guerra de exterminio en el Este contra la URSS. Los nazis planearon la muerte de millones de civiles ucranianos, y lo hicieron privándoles también de su trigo.

Sorprende, cuando Ucrania es una nación que cuenta con grandes campos de trigo…

Es, como digo, una muy triste ironía que Ucrania sea una de las regiones agrícolas más ricas del mundo y que sufriera dos terroríficas hambrunas en un periodo de menos de diez años. Una en los treinta, cuando Stalin y sus seguidores ordenaron llevarse los alimentos, y otra en los cuarenta, cuando Hitler y sus seguidores persiguieron el mismo objetivo.

¿Ha entrevistado a ucranianos que vivieron el conflicto?

En Kharkov, que está siendo atacada con misiles mientras hablo, conocí a varias personas. Una de ellas es una mujer que vivió la hambruna provocada por los alemanes cuando cerraron la ciudad e impidieron que la mayoría de la población pudiera alimentarse. Me contó que tuvo que comer hierba. Me parece aterrador, incomprensible. Por eso, la idea de que la ciudad esté ahora siendo bombardeada, es muy, muy dura de concebir, en un área que ya ha sufrido tanto en la historia.

Una de las instantáneas más famosas de Putin: montando a caballo
Una de las instantáneas más famosas de Putin: montando a caballo – ABC

¿Es absurdo que Putin afirme que Ucrania apoyó a los nazis durante la Segunda Guerra Mundial?

Es una historia complicada. En resumen, lo que puedo decir es que había un enorme resentimiento en Ucrania, que en ese momento era una república dentro de la Unión Sovética, por el tratamiento y la hambruna que ocurrió a comienzos de los años treinta, cuando murieron millones de personas a causa de las políticas de Stalin. Así que no es sorprendente que, cuando las fuerzas de Hitler llegaran a Ucrania, en verano de 1941, los ucranianos le dieran la bienvenida.

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¿Por qué lo hicieron?

Lo hicieron por dos motivos: querían ver el final del mandato de Stalin y que Ucrania alcanzase la independencia. Y, al principio, pensaron que los nazis les ofrecerían cierta autonomía. Así que les dieron la bienvenida y una parte de los ucranianos colaboró con los nazis. Hasta el punto de que se volvieron contra gente que consideraron responsable del sufrmiento causado por Stalin: en concreto, los judíos. Esto fue terrible y equivocado, pero el hecho es que algunos ucranianos ayudaron a los alemanes a matar judíos, junto a los alemanes. Un ejemplo es un espantoso pogromo, ocurrido en Lviv, en el oeste de Ucrania, donde alrededor de 4.000 judíos fueron asesinados por las fuerzas locales y los alemanes. Es un crimen terrible que no debe ser olvidado.

¿Se alzaron los ucranianos contra los nazis?

Descubrieron que los nazis no querían una Ucrania independiente, sino un estado de esclavos al que pretendían robar alimentos. Por eso, cuando avanzó la contienda, surgió una guerra de partisanos donde los ucranianos lucharon contra los soviéticos, pero también contra las tropas alemanas. La
historia de Ucrania, durante la guerra, es complicada y violenta. Recuerdo hablar con un ucraniano que inicialmente apoyó a los nazis, porque pensaba que el enemigo de su enemigo era su amigo. Pero, cuando los alemanes le dijeron que la única educación que los ucranianos necesitaban era la necesaria para cuidar a las vacas en el campo, decidió ingresar en los partisanos. Y es solo un ejemplo del proceso que vivieron.

Supongo que esta parte de la historia es la que prefiere Putin…

A Putin le interesa mencionar esta parte de la historia. Pero emplearlo para decir que los líderes ucranianos actuales son nazis es grotesco. Teniendo en cuenta que el actual presidente ucraniano es judío, es ridículo que esgrima algo así. Se trata de eventos ocurridos hace al menos 80 años. Y la idea de que los líderes actuales sean como los que colaboraron con los nazis es una calumnia, no tiene ningún sentido. Muchos políticos, entre los que está Putin, cogen de la historia lo que les interesa para intentar apoyar sus argumentos.

¿De qué se olvida?

Putin se olvida, por ejemplo, de que Stalin fue un importantísimo colaborador de los nazis, ya que firmó el pacto germano-soviético de 1939, para repartirse enormes fragmentos de Polonia y de Europa del Este entre ambos. Este crimen es la razón por la que Polonia fuera partida por la mitad entre Alemania y Stalin, y que decenas de millones de personas sufrieran por ello, pero Putin no lo menciona porque no refuerza sus argumentos. En todo caso es absurdo decir que Putin es simpatizante de Hitler por lo que ocurrió con el pacto germano-soviético y porque la Unión Soviética se benefició enormemente de los nazis para ganar territorios. Es injusto usar la historia de esa forma.


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