Wednesday, April 10

Rusia o cómo usar las ‘fake news’ para convencer a su pueblo de que no hay guerra ni invasión


«Cuando escuché las primeras explosiones, salí corriendo de la casa para buscar a mis perros. La gente entró en pánico, abandonaban sus coches. Estaba muy asustada». Así recuerda Oleksandra, una joven de 25 años de la ciudad ucraniana de Járkov, el 24 de febrero. Día en el que se dio cuenta de que los tambores de guerra, que parecían resonar con fuerza desde Rusia, no eran una alucinación. Hace unas semanas, en declaraciones a la ‘
BBC
’, la joven lamentaba que, a pesar de sus repetidos intentos, no había conseguido convencer a su madre, residente en Moscú, de que el ejército ruso estaba atacando enclaves civiles. Y de que, además, muchas personas que no habían agarrado jamás un arma

 estaban perdiendo la vida a sus manos. Todo gracias al enorme telón de acero digital tejido por el presidente Vladimir Putin. Un gran velo, cada vez más tupido, que impide que la sociedad rusa acceda a cualquier información que se salga del guion dictado desde Moscú.

El dirigente no ha perdido el tiempo. Durante este primer mes de guerra ha tomado todas las medidas necesarias para controlar el relato en casa y evitar que cale entre sus ciudadanos la narrativa de Occidente. Algo que podría provocar más protestas y, por tanto, problemas internos. El 4 de marzo dio el primer golpe, cuando el Roskomnadzor, servicio federal encargado de supervisar las telecomunicaciones en el país, anunció la decisión de bloquear el uso de las redes sociales Facebook y Twitter.

Esta medida llegaba, prácticamente, de la mano de una serie de enmiendas en el Código Penal ruso. Gracias a ellas, el Kremlin tiene capacidad para castigar a todo aquel que publique información sobre la invasión de Ucrania que sea contraria a los dictados de Moscú. Las penas por saltarse las directrices pueden ascender hasta los 15 años de cárcel.

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La desbandada de medios de comunicación internacionales, desde entonces, ha sido constante. Los cierres de redes sociales también han seguido en aumento. A la salida de Facebook y Twitter se sumó unas horas después la de TikTok, que no permite publicar contenido nuevo en Rusia por miedo a que el régimen tome medidas contra los usuarios. Una semana más tarde, el Roskomnadzor certificaba el cierre de Instagram, la tercera plataforma más empleada en el país, por autorizar que los ucranianos puedan vertir en su interior amenazas contra Putin y las tropas rusas. El servicio federal, además, ha lanzado varios mensajes amenazando de forma velada con el bloqueo de Wikipedia e, incluso, de YouTube. El sitio de vídeos propiedad de Google, como tantas otras plataformas digitales occidentales, ha tomado medidas contra los medios de comunicación estatales ‘Russia Today’ y ‘Sputnik’, a los que les ha eliminado sus canales.

En conversación con ABC, Ferrán Lalueza, profesor de Comunicación de la Universidad Oberta de Cataluña, apunta que el Kremlin, conocido por haber capitaneado campañas de desinformación a lo largo y ancho del globo desde que Internet existe, está mirando menos al exterior para centrarse en mantener a su pueblo «engañado». Ya, desde el inicio del conflicto, afirmando que el objetivo de la ‘operación especial’, como llama Moscú a la invasión, era la «desnazificación» de Ucrania. Durante los últimos días, la maquinaria de desinformación ha llegado a anunciar, entre otras cosas, que el país gobernado por Zelenski había estado investigando el desarrollo de armamento biológico a partir del coronavirus, el ántrax o el ébola. También que los vídeos de ciudadanos ucranianos abarrotando trenes camino al exilio, o heridos durante bombardeos, estaban protagonizados por actores profesionales. El medio ‘
Vice
’, incluso, detectó una campaña coordinada desde Moscú a través de Telegram que buscaba ‘comprar’ a ‘influencers’ rusos con el fin de que se dedicasen a crear contenido en TikTok afín al Gobierno.

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«La batalla está perdida»

La lista de noticias ‘fake’ que pululan por redes sociales y medios estatales es larga. Pero apenas está teniendo efectos más allá de la accidentada geografía rusa, de acuerdo con todos los expertos consultados por este periódico. «La batalla de Rusia de cara al exterior está perdida desde el inicio de la invasión. El aparato propagandístico del Kremlin tiene actualmente una orientación doméstica, más allá de sus fronteras, el discurso está teniendo muy poca aceptación», explica Lalueza. Nacho de Pinedo, director ejecutivo de la escuela centrada en transformación digital ISDI, señala que «Rusia se ha dedicado a desinformar de la forma más tradicional. Mientras tanto, Ucrania ha conseguido que cale su mensaje gracias a un uso mucho más humano de Internet. En el que gente anónima está utilizando plataformas como TikTok o Instagram para mostrar, utilizando los códigos de estas plataformas, la cruda realidad de la guerra».

A pesar de que el Kremlin está más centrado en mantener el relato en casa que en ganar la batalla en el Internet mundial, este último frente no está siendo desatendido por completo. Putin sigue contando con el trabajo que realizan las propias cuentas oficiales del Gobierno y sus embajadas, que están siendo clave para mantener visible, aunque sea minimamente, el relato del Kremlin en el exterior. Solo en Twitter, entre misiones e instituciones, Rusia tiene más de un centenar de cuentas oficiales. Lo mismo ocurre con los empleados de medios de comunicación financiados desde Moscú, algunos de ellos con miles de seguidores y presencia en canales alternativos, como la aplicación de mensajería Telegram.

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Bot Ruso
, twittero avezado que hace años trabajó de forma activa en varias campañas de desinformación en redes sociales -y que, en realidad, ni es un bot ni es ruso, pero sí que acaba de publicar un libro llamado ‘Confesiones de un bot ruso’ (Debate)-, explica a ABC que, a pesar de los esfuerzos, Twitter sigue siendo el territorio escogido por numerosas cuentas automatizadas (
bots) detrás de las que no hay usuarios humanos. En lo que se refiere a la invasión, están intentando viralizar mensajes acompañados por ‘hashtags’ de apoyo a Rusia a golpe de ‘clic’.

«También hemos visto cuentas falsas con muy poquito engagement en general, pero con gran cantidad de interacciones cuando han utilizado esos hashtags concretos», dice. Asimismo, remarca que, mientras el Kremlin ha sufrido el bloqueo en Occidente de sus medios estatales, a los que califica como sus «grandes caballos de Troya», Ucrania ha “adoptado una estrategia muy inteligente” en Internet: «Partían como víctimas en este conflicto. Y han buscado generar empatía con los ciudadanos del resto de países».




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