Wednesday, December 7

Rusia y China proclaman el comienzo de una nueva era


Moscú/Pekín
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Los presidentes de Rusia y China, Vladímir Putin y Xi Jinping se han servido la semana pasada del marco de los
Juegos Olímpicos de Invierno para lanzar una iniciativa global conjunta que modifique el actual orden mundial, al que consideran caduco por tener todavía a Estados Unidos como principal valedor mientras, según ellos, el mundo ha cambiado mucho y es ya «multipolar».

Las tesis del manifiesto ruso-chino están contenidas en la Declaración Conjunta que suscribieron ambos líderes el pasado día 4 de febrero en Pekín.

Entre sus líneas maestras figura el compromiso de Rusia de considerar
Taiwán como «parte inseparable de China» y se declara «contraria a la independencia de la isla en cualquier forma».

Ampliación de la OTAN

A cambio, Pekín apoya la reivindicación rusa en contra de la ampliación de la OTAN, en evidente alusión a la inclusión de Ucrania en su seno, y la exigencia de «garantías de seguridad».

Ambos países expresan además su «preocupación» por la creación por parte de Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia de la asociación AUKUS, «que incluye áreas de cooperación que vulneran la estabilidad estratégica», y se muestran en desacuerdo con el apoyo que Occidente suele brindar a las «revoluciones de color» que tratan de echar abajo regímenes totalitarios.

Sorprendentemente, en otro apartado de la declaración se señala que «la democracia es un valor humano universal, y no un privilegio de determinados estados.

La defensa de la democracia y los derechos humanos no debe utilizarse como herramienta para presionar a otros países». En suma, el documento sostiene que «la amistad de
China y Rusia no tiene fronteras, no hay zonas prohibidas en nuestra cooperación».

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Leonid Slutski, presidente del Comité de Exteriores de la Duma (Cámara Baja del Parlamento ruso) estima que la actual aproximación de Moscú y Pekín «marca realmente una nueva era en las relaciones internacionales y establece los principios de interacción entre dos importantes potencias mundiales frente a la presión sin precedentes de países que han asumido el papel de faros de la democracia». Slutski cree que, con su asociación, Rusia y China han enviado una «potente señal» a Occidente.

Mensaje muy claro

Para Alexander Gabúev, investigador responsable del programa ‘Rusia en Asia-Pacífico’ del laboratorio de ideas Carnegie Endowment en Moscú sostiene que «es la primera vez que China emite un mensaje tan claro, en boca del mismo Xi Jinping, rechazando la expansión de la OTAN en Europa y secundando las iniciativas de seguridad propuestas por Rusia». «Rusia es también un poder asiático, por lo que estas coaliciones le afectan, pero la OTAN solo es secundario para China», explica el investigador.

Ahora bien, el apoyo de China tiene sus límites. Nada refleja mejor esta distancia prudencial que la situación en Ucrania, gran punto caliente de la geopolítica global pero sin mención explícita en el comunicado conjunto.

El gigante asiático «desea una resolución política al conflicto. Una intervención militar desestabilizaría la economía global, añadiendo presión al crecimiento chino en un momento que China considera crítico, ante la celebración en octubre del vigésimo Congreso del Partido Comunista», señalaba un informe creciente de la consultora Eurasia.

Esta cita reviste una importancia preeminente, dado que consagrará el tercer mandato de Xi, reafirmando el curso autoritario del país y convirtiéndole en el líder chino más poderoso desde Mao Zedong.

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Gabúev subraya tres factores que fomentan el entendimiento entre China y Rusia. En primer lugar, el deseo mutuo de mantener la calma en la frontera que comparten.

En segundo lugar, la naturaleza autoritaria de su modelo político, lo que «elimina muchos problemas: Xi no pregunta por el envenenamiento de Alekséi Navalni, y Putin no cuestiona [el recorte de] las libertades civiles en Hong Kong».

Y, por último, su alta complementariedad económica. «Rusia tiene abundantes recursos naturales y necesidad de capital y tecnología; justo al revés que China».

‘Línea de Nueve Puntos’

Pero, por otro lado, Rusia no reconoce la ‘Línea de Nueve Puntos’ que demarca las reclamaciones territoriales del gigante asiático en el Mar del Sur de China. Esta, por su parte, tampoco ha aceptado legalmente la anexión de Crimea. Aunque dichas discrepancias no representan un problema para los lazos entre ambos países.

Existen, además, otras «fricciones, aunque en la actualidad se esconden bajo la alfombra», tercia Gabúev. «Hay una competencia por la influencia en Asia Central pero, de nuevo, China y Rusia coinciden en rehusar una presencia de EEUU en la región».

Por otro ello, y a pesar del acercamiento en múltiples áreas de interés mutuo, el investigador apuesta porque «a corto plazo, ambos países no llevarán su relación a un nuevo nivel por medio de una alianza formal».

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