Sunday, January 29

Sánchez y la generación del ‘no a la guerra’ afrontan su primer conflicto bélico


Madrid
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En la primavera de 2003, hace casi veinte años, un joven Pedro Sánchez Pérez-Castejón vivía los albores de la carrera política que apenas una década después le llevaría a liderar el PSOE y algo más tarde a alcanzar La Moncloa. En las elecciones municipales de aquel año, concurrió en el puesto 23 de la lista socialista al Ayuntamiento de Madrid, encabezada entonces por Trinidad Jiménez, quien fracasó en su intento de alcanzar la alcaldía que logró el popular Alberto Ruiz Gallardón. Sánchez tampoco obtuvo entonces su acta de concejal en el consistorio de la capital de España (el PSOE alcanzó los 21 ediles) pero un año después, y merced a dos renuncias de quienes le antecedían en la lista municipal, entró por primera vez en una institución pública.

El hoy presidente del Gobierno, que contaba 31 años de edad entonces, participó en las manifestaciones multitudinarias del ‘No a la guerra’, en contra de la intervención llevada a cabo aquel año por EE.UU. contra el Irak de Sadam Husein y que respaldó el Gobierno de José María Aznar. Unas protestas que no dudó en abanderar José Luis Rodríguez Zapatero, quien lideraba la oposición en nuestro país. Junto a Sánchez -que el martes cumplirá 50 años, un día antes de comparecer en el Congreso para dar explicaciones del papel de España en la crisis de Ucrania tras el ataque de Rusia esta semana- una hornada de socialistas que hoy ocupan puestos de responsabilidad en el partido o en el Gobierno, y también en ejecutivos locales y autonómicos, hizo del ‘No a la guerra’ su bandera.

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Y aunque la situación ahora tiene diferencias con el conflicto de Irak, toda una generación de dirigentes del PSOE afronta desde la responsabilidad política y de Gobierno la guerra en ciernes en Ucrania, el que puede ser uno de los mayores conflictos a escala global desde la II Guerra Mundial.

El país del ‘No a la guerra’

Hace solo unas semanas, cuando la ofensiva militar finalmente lanzada el pasado jueves por Valdimir Putin empezaba a cobrar carta de naturaleza, un destacado miembro de la Ejecutiva Federal del PSOE era interrogado en privado por las declaraciones de la líder de Unidas Podemos, Ione Belarra, apelando a que «España es el país del ‘No a la guerra’». Además de repetir el argumentario consabido, que insiste en que ambos conflictos no tienen nada que ver, afirmaba con media sonrisa: «A mí me van a hablar de aquello, pero si yo estaba en la universidad y como miembro del sindicato de estudiantes fui el que hizo la convocatoria para las protestas».

La hemeroteca fotográfica de ABC en aquel año 2003 deja también imágenes de otros dirigentes algo más veteranos, como el actual secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, Rafael Simancas, o el presidente de Castilla La Mancha, Emiliano García-Page, participando en varias de las protestas y concentraciones que tuvieron lugar entonces contra la invasión respaldada por España, como quedó para la historia en
la célebre foto de las Azores. En el archipiélago portugués el presidente Aznar quedó retratado junto a George W. Bush y el primer ministro británico laborista, Tony Blair, en un momento en el que tanto la Francia del conservador Jaques Chirac como la Alemania del canciller socialdemocrata Gerhard Schröder se opusieron a la intervención que acabó con el régimen de Bagdad.

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Una de los principales argumentos del movimiento contra la guerra de Irak fue el de que la intervención no respetaba la «legalidad internacional», al no contar con el aval de las Naciones Unidas (ONU). En su declaración institucional del pasado jueves, tras asistir a la reunión del
Consejo de Seguridad Nacional presidida por el Rey, el propio Sánchez apeló a esa idea, la de la legalidad emanada de la comunidad internacional, y dijo que España se sitúa inequívocamente de su lado. Sin embargo, si algo no admite dudas sobre el futuro del conflicto es que no podrá haber aval alguno de la ONU a una eventual intervención en Ucrania, dado el veto que Rusia puede ejercer como miembro permanente del Consejo de Seguridad.

Por eso la situación podría tener más paralelismos con otra guerra anterior a la de Irak, la de Kosovo, donde la OTAN intervino con bombardeos en 1999 sin amparo de la ONU. Al frente de la Alianza Atlántica estaba el socialista español Javier Solana, quien en su juventud había vociferado contra la OTAN. Ahora Sánchez y muchos de los que dijeron ‘No a la guerra’ afrontan un momento similar. Cuando las proclamas de juventud se enfrentan a la realidad.

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