Sunday, February 5

¿Se puede expulsar a Rusia del Consejo de Seguridad de la ONU? ¿Y eliminar su veto?


Corresponsal en Nueva York
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Si alguien ojea la Carta de Naciones Unidas -el tratado internacional que es, en esencia, la constitución de esta organización internacional- y avanza hasta el artículo 23 comprobará que Rusia no está entre los miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Los cinco países que tienen ese asiento inamovible en el órgano de poder de la ONU son EE.UU. China, Francia, Reino Unido… y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la extinta URSS.

La indignación de buena parte de la comunidad internacional por el ataque de Rusia de dudosa justificación a la soberanía y a la integridad territoriales de Ucrania ha hecho que algunos devuelvan la mirada a la asunción por parte de Rusia del
asiento en el Consejo de Seguridad que pertenecía a la URSS.

Y con él, el derecho de veto que protege a Vladimir Putin de cualquier intento con entidad por parte de la ONU de pararle los pies. El ejemplo más reciente, el de la noche del viernes, donde la resolución impulsada por EE.UU. y Albania en el Consejo de Seguridad para condenar a Rusia y exigir la retirada de tropas solo contó con un voto en contra. El de Rusia, que fue suficiente para abortar la resolución.

En el mismo foro, dos noches antes, en medio de una reunión de urgencia para tratar la invasión de Ucrania, el embajador del país atacado, Sergei Kislitsia, mostró el librito azul con la Carta de la ONU y deslizó que Rusia tenía asiento en el Consejo de Seguridad de manera irregular, que había heredado el puesto soviético «a escondidas».

La acusación de Kislitsia llegaba al mismo tiempo que se cuestiona el papel y la presencia de Rusia en una organización internacional cuyos principios se le acusa de vulnerar de manera flagrante esta semana, pero también con anterioridad, como en la invasión de Crimea, otro territorio ucraniano, de 2014. Incluso el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, que trata siempre de no cargar la suerte contra ningún país miembros -y menos contra Rusia-, atacó esta semana a Moscú por haber vulnerado la Carta de la ONU.

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La expulsión, misión casi imposible

Expulsar a Rusia de la ONU es una tarea casi imposible. Más allá de las repercusiones de una decisión así contra una potencia militar con un arsenal nuclear enorme, la realidad política de la ONU lo impide. El artículo 6 de la Carta de Naciones Unidas impone que se puede expulsar a un país miembro «que haya violado de manera persistente los principios contenidos en esta Carta» en una votación de la Asamblea General -que incluye a todos los países miembros- con la recomendación del Consejo de Seguridad. Rusia tiene veto en ese órgano y, aunque se considerara que no puede usarlo en una decisión en su contra, es muy difícil que pierda el respaldo de China, que también tiene derecho de veto.

Con todo, hay movimientos en EE.UU. para presionar a la ONU en este sentido. Un grupo de legisladores estadounidenses, provenientes de ambos partidos, planean presentar una resolución este lunes en el Congreso para exigir a Joe Biden que utilice la presencia también permanente de EE.UU. en el Consejo de Seguridad para expulsar a Rusia del órgano.

«Es muy complicado», reconoció en una entrevista con Fox News Nick Stewart, portavoz de la republicana Claudia Tenney, que redactó el borrador de la resolución. «Pero solo porque Rusia tenga el derecho de veto sobre esto
no significa que no puedas intentarlo».

La idea de los legisladores es que esta acción sea una capa más de presión sobre Moscú para que acabe con la invasión de Ucrania. La resolución defenderá que la actitud de Putin «supone una amenaza
directa a la paz y a la seguridad internacionales» y que está en contra «de las responsabilidades y obligaciones como miembro permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas».

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Ucrania considera que Rusia debería haber solicitado su admisión en la ONU, al igual que las antiguas repúblicas soviéticas

La idea expresada por Kislitsia esta semana apunta a otra estrategia: considerar que la ocupación del asiento de la URSS por parte de Rusia no fue legítima. Aunque es casi imposible que dé ningún fruto, su argumento tiene entidad. De hecho, durante la sesión de urgencia del Consejo de Seguridad del pasado miércoles, solicitó al secretario general que compartiera los memorándum legales de diciembre de 1991 sobre aquel traspaso de derechos.

Aquel año fue turbulento, con la URSS en plena descomposición, sacudida por un intento de golpe de estado y declaraciones de independencia en cadena de sus antiguas repúblicas. El 8 de diciembre de 1991, los líderes de Rusia, Ucrania y Bielorrusia firmaron los Acuerdos de Belovezha, en los que declaraban que «la URSS como sujeto de derecho internacional y realidad geopolítica ya no existe». Esos acuerdos dieron paso a la formación de la Comunidad de Estados Independientes (CEI), que no era en sí un estado y no podía ser miembro de la ONU. El 21 de diciembre, otras ex repúblicas soviéticas ingresaron en el CEI con la firma del Protocolo de Almá-Atá en Kazajistán.

En él, los firmantes confirmaban la desaparición de la URSS y mostraban su apoyo a que Rusia mantuviera su membresía en la ONU y en el Consejo de Seguridad. Algunos días después, el 24 de diciembre, el entonces presidente de Rusia, Boris Yeltsin, envío una carta al secretario general de la ONU en el que le informaba que «
la membresía de la URSSS en Naciones Unidas, incluida en el Consejo de Seguridad y otros órganos del sistema de Naciones Unidas, será continuada por la Federación Rusa con el apoyo de los países del CEI».

Lo que Kislitsia y Ucrania defienden ahora es que, con la URSS disuelta, Rusia debería haber solicitado admisión en la ONU, al igual que tuvieron que hacer el resto de las antiguas repúblicas soviéticas. Es algo que también tuvieron que hacer los países que sucedieron al desmembramiento de Yugoslavia y de Checoslovaquia tras la caída del muro de Berlín. Ni el Consejo de Seguridad ni la Asamblea General de la ONU votaron el ingreso de Rusia. Kislitsia ha pedido
que se muestren los papeles en los que se registró su incorporación. «Durante treinta años, la gente que ha estado en el Consejo de Seguridad con un membrete que pone ‘Federación Rusa’ que pretende ser un miembro legítimo», dijo Kislitsia esta semana a ‘The Kyiv Post’.

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La afirmación de Rusia hecha varios días después de la extinción de la URSS de que «continuaban» sus derechos «tiene muchos puntos débiles desde el punto de vista legal», según algunos expertos

Según el embajador ucraniano, todo el mundo miró para otro lado entonces, para no contrariar a una potencia nuclear. Pero ahora, cuando se acusa a esa potencia de abusar de su poder, podría haber un mayor cuestionamiento de su legitimidad.

La afirmación de Rusia hecha varios días después de la extinción de la URSS de que «continuaban» sus derechos «tiene muchos puntos débiles desde el punto de vista legal», ha asegurado a MSNBC Yehuda Blum, profesor de derecho internacional y exembajador de Israel ante la ONU. Otros defienden que Rusia es una continuación, no un sucesor, de la URSS y que ese cuestionamiento no tiene base.

En cualquier caso, el camino de una reclamación de Ucrania en este sentido en la
intrincada burocracia de la ONU es más que difícil. Tanto como el intento de última hora, este mismo sábado, por parte del presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, de arrebatar el derecho a veto de Rusia en el Consejo de Seguridad como castigo por su ofensiva militar. Se lo solicitó en una conversación telefónica con Guterres, en la que calificó la agresión rusa a su país de «genocidio contra el pueblo ucraniano». Una estrategia muy complicada, casi tanto como oponer resistencia a la maquinaria militar rusa en el campo de batalla.

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