Sunday, October 2

«Tenemos que creer que los menores asesinos se reeducan y se reinsertan»


«Los hechos probados son constitutivos de dos delitos de asesinato concurriendo la circunstancia de alevosía, pues la acción del menor reúne todos los caracteres para integrar dichas infracciones penales, de las que ha de responder en concepto de autor el menor por la participación material, voluntaria y consciente que tuvo (…)». Es la sentencia por la que el juez de Menores de Toledo impuso a V. S. B. nueve años de internamiento terapéutico en régimen cerrado más otros tres años y ocho meses de libertad vigilada. El autor tenía 17 años y tres meses cuando el 13 de mayo de 2020 cogió una escopeta de su padre, se escondió bajo las escaleras y esperó a que su progenitor y su

 madrastra volvieran a casa.

Les disparó por la espalda. Ambos se desplomaron en el suelo; entonces recargó la escopeta e hizo un tercer disparo sobre cada cuerpo. Ocurrió en la finca Los Curas de Zangameño, en Villarejo de Montalbán (Toledo), de la que Emanuel, el padre, era guardés. Con él vivía su hijo, el autor de los crímenes, y su esposa, que no era la madre del joven.

V. ingresó dos días después como medida cautelar en un centro de internamiento donde continúa tras el fallo del juez. El magistrado recuerda que la finalidad de esa medida, como todas las de la jurisdicción de menores, es «fundamentalmente educativa», aunque sometida a los principios del procedimiento penal. Reeducar es uno de los ejes básicos de la Ley de Responsabilidad Penal del Menor.

Esta semana
el triple crimen de Elche, cometido por un chico de 15 años, ha reavivado el debate. ¿Se puede reeducar a alguien que asesina a su padre, a su madre y a su hermano? La respuesta de los expertos es afirmativa, pero con condiciones y matizada por el diagnóstico previo. «Tenemos que creer que estos menores se reeducan y se reinsertan. Sea por este delito, el más grave, o por otros menos importantes, el porcentaje de recuperación es alto», señala la psicóloga clínica Rocío Ramos-Paúl, quien insiste una y otra vez en la trascendencia del equipo psicosocial que se encargue, y recuerda que está presente la función educativa pero también la sancionadora. La experiencia de quienes trabajan en los centros de menores, sobre todo en los cerrados, como el caso del que está internado el asesino de Toledo y el de Elche de forma cautelar, es que quienes se enfrentan a encierros de cinco años o más aprovechan el tiempo, estudian o hacen cursos para formarse. Y esta evolución también es tenida en cuenta por el juez para permitir las primeras salidas en libertad, atenuar el régimen o lo contrario: que el menor al cumplir los 18 años deje de cumplir en un centro y pueda ingresar en prisión.

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Conducta persistente

«El pronóstico depende mucho de que estemos ante una conducta persistente, con inercias sociales y emocionales, o que se trate de una conducta esporádica, propia de la adolescencia. Si se trata de un hecho aislado y no hay una patología cuando cumpla puede seguir funcionando. Otra cuestión es cómo puede encajar la culpa, si es que siente esa culpa», explica el psiquiatra forense José Miguel Gaona, que se ha encargado de las valoraciones psiquiátricas de asesinos como el de Pioz, José Bretón o el último condenado a prisión permanente por matar a su mujer y a su hijo en una cueva canaria.

V., el asesino de Toledo, nació en Brasil y vivía con su padre aquí desde los ocho años. Contó una dinámica de relaciones con él violenta, que provocó la intervención del colegio y los servicios sociales. Apenas tenía ocio con amigos porque debía ayudar a su padre en la finca mientras estudiaba Informática en FP.

«Muestra una actitud tranquila y de total colaboración, con ausencia de arrogancia, insolencia o actitudes antisociales» -recoge el fallo-. No se ha implicado nunca en peleas, consumo de tóxicos o actividades delincuenciales. No se observaron signos clínicos de psicosis, brote delirante o comportamiento derivado de intoxicación. Distanciamiento afectivo y ausencia de resonancia emocional», prosigue que achaca a la gravedad del hecho.

En el caso de Elche ese diagnóstico no está fijado aún. Se conoce el detonante -la prohibición de teléfono y consola, que su madre le llamara vago- y cómo fue la agresión pero no por qué. El psiquiatra Gaona habla de «un puzle de acontecimientos»: una baja tolerancia a la frustración, el que tuviera a mano una escopeta, que no estuviera el padre… Insiste en que son hipótesis, aunque tanto él como Ramos-Paúl
dudan de que sufriera un trastorno mental transitorio. «Más bien una disociación y eso sí que lo puede provocar jugar de manera tremendamente compulsiva, no es que le pase a todo el mundo, cada uno reacciona de forma distinta, pero se llega a mezclar realidad y fantasía», aclara el psiquiatra.

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¿Estamos ante un psicópata? Los trastornos antisociales de la personalidad no se diagnostican hasta la mayoría de edad, pero en la práctica hay niños que los evidencian. Gaona recuerda a los críos del ISIS capaces de degollar a un hombre. «En este caso lo más probable es que haya una base psicopatológica y la falta de empatía se puede desarrollar y estimular con juegos o hechos violentos hasta llegar a una insensibilización sistemática».

El equipo psicosocial de Menores tendrá que elaborar un informe para el fiscal y el juez. Y después continuará el trabajo en el centro. «Socialmente todos queremos que al chico de 15 años le pase algo, que tenga alguna patología porque la otra posibilidad, que asesinara porque sí abre la puerta a que vuelva a suceder», señala el psiquiatra. A V., condenado a nueve años, no le pasaba nada. Dicen que se arrepiente. El juez le concederá un cumplimiento anticipado (en unos 7 años), si prosigue con su buen comportamiento y se centra en sus estudios y no lo trasladará a la cárcel. Prevalece el espíritu de la ley del Menor.


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