Wednesday, April 17

Ucrania se prepara para la escasez de alimentos


Enviado especial a Kiev
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Las interminables llanuras del centro de Ucrania tienen ahora un color ocre que se ve acentuado por el óxido de los tanques y vehículos militares destruidos que las salpican. Adentrarse en los campos tampoco es recomendable, porque en ellos se esconden minas antipersona, explosivos no detonados y, según las Autoridades, también municiones de racimo que pueden amputar una pierna o un brazo. Pero los agricultores esperan que los llanos vayan adquiriendo pronto tonos verdes más esperanzadores, y que el amarillo explote en unos meses.

Ucrania es el granero de Europa, y la guerra ha provocado una disrupción agrícola y logística que se siente por todo el mundo. Sobre todo en el bolsillo de los consumidores. El país produce el 46% del aceite de girasol del mundo -por valor de 3.400 millones de dólares- y eso explica que escasee en los lineales de nuestros supermercados, donde su precio se ha disparado.

Por si fuese poco,
Rusia aportaba otro 22% de la producción mundial -1.700 millones más-, y las sanciones dificultan su distribución.

El problema no solo afecta al aceite. Ucrania exportó el año pasado productos agrícolas por un valor superior a los 27.000 millones de dólares, de los cuales la Unión Europea, su principal cliente, compró 7.600 millones. El mayor negocio está en el maíz, seguido a poca distancia por el aceite de girasol y el trigo. Todas son partidas de más de 5.000 millones de dólares y productos básicos que el bloqueo de los principales puertos del país -sobre todo el de Odesa- impiden sacar de Ucrania, una situación que impulsará al alza la desbocada inflación de nuestro país. Y del mundo entero.

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La puerta de salida al mar se encuentra en la zona de mayor conflicto, donde las tropas rusas concentran ahora su ofensiva. Y, para complicar aún más las cosas, el este del país también es el que concentra la mayor parte de la producción de aceite de girasol y de trigo. «Sin el puerto, necesitaremos casi dos años para poder sacar la cosecha y distribuirla», comenta Oleksandr Khlan, propietario de una empresa de maquinaria agrícola que abastece a los principales productores del sector.

A estas dificultades se suman otras no menos importantes: «Unos cuatro millones de personas han salido del país y otros ocho millones se han tenido que desplazar internamente. Muchas son mujeres, que se encargan de labores administrativas. Mano de obra en el campo no falta tanta, pero sí para gestionar compras y permisos. Además, hay restricciones a la salida de divisas que afectan a las importaciones de maquinaria y de químicos», añade Khlan.

Alexei Valuiski señala el impacto añadido que tiene el encarecimiento de combustibles y fertilizantes, el negocio al que se dedica él. «Curiosamente, eso se debe en gran medida a las sanciones impuestas contra Rusia», analiza. Acaba de regresar a Kiev de un viaje de trabajo por Perú, donde se ha sorprendido por el descontento social que prende la inflación. «La gente empieza a echarse a las calles y esto podría ser solo el principio de protestas mucho más generalizadas», advierte.

Nadia Mazun, administrativa en una empresa agroalimentaria – Z. Aldama

Pero no todo es culpa de la invasión rusa. La estrategia de los agricultores ucranianos también se ha vuelto contra ellos. «Suelen guardar el grano hasta febrero o marzo para lograr mejores precios, pero con el estallido de la guerra ahora es imposible exportarlo». Nadia Mazun, administrativa en una empresa agroalimentaria, ahonda en ese problema: «La cosecha estaba vendida y estábamos pensando ya en la siguiente, pero la logística ha dejado de funcionar. Ahora los graneros están llenos y tememos no poder sacar el mismo rendimiento de la tierra».

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Venezuela, Irán y Kazajistán

Aunque el almacenamiento no reviste un grave problema para el cereal o el aceite de girasol más allá de la falta de espacio para la siguiente cosecha, no poder darles salida comercial sí que deja a los agricultores en una situación delicada. «Porque no tienen acceso al capital que necesitan para volver a sembrar y recolectar, lo cual requiere una inversión que no pueden afrontar», explica Khlan.

Irónicamente, esta coyuntura está provocando que los precios caigan dentro del país, el único territorio en el que pueden vender sus productos. «Y es posible que continúen cayendo en el futuro. Pero como los precios de las semillas, los fertilizantes y los combustibles se han disparado, la situación puede acabar siendo insostenible», comenta Mustapaev Altinbek, director general de Zernová Baza, una empresa de molinos y de instalaciones de procesado y almacenamiento de harina de trigo.

Las complicaciones se alargarán independientemente de que la guerra acabe pronto. Lo que nadie sabe es cuánto. Altinbek espera que, si el grueso de la contienda se cierra para el 9 de mayo –Día de la Victoria en Rusia-, como predicen algunos, en otoño se recupere cierta normalidad. «Llevamos ocho años de guerra en la zona del Donbass y hemos mantenido las exportaciones. Espero que esta vez sea igual aunque los combates allí perduren», argumenta.

Khlan es bastante menos optimista. «Hay que prepararse para dos años de escasez y encarecimiento de los alimentos. La inflación va a ser global y no me extrañaría que alcanzase el 15% en países como España», vaticina. Eso sí, también prevé una reestructuración de la producción agrícola global como respuesta a esta circunstancia. «Saltarán al terreno de juego otros países, como Irán, Venezuela o Kazajistán», enumera, recordando que también en España incrementará su producción de girasol.

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