Sunday, May 28

Un chef español premiado por Michelin convierte su restaurante en comedor social para refugiados de Ucrania


VALENCIA
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Entre el fuego cruzado y la alta cocina se mueve cada día Ciriaco Vicente, un polifacético chef valenciano que compagina su éxito gastronómico, avalado por la prestigiosa Guía Michelin, con su trabajo de bombero. Ahora -por si fuera poco- sólo piensa en ayudar a los refugiados que llegan de Ucrania huyendo de la guerra con Rusia. Para ello, ha convertido su restaurante en un comedor social y ya prepara su viaje a la frontera de Polonia para dar de comer «a un pueblo que nos necesita».

«Si nadie hace nada, nadie hará nada», clama este cocinero natural de la localidad de Alboraya, donde se ubica su restaurante de tradición familiar a los pies del Mar Mediterráneo.

«Queremos hacer felices y dar cariño a estas personas que han venido a España con una mano delante y otra detrás, sin saber cuándo podrán volver a sus casas», relata Ciriaco a ABC.

Cada martes, su negocio se convierte en el punto de encuentro de los ucranianos que han viajado a Valencia desde que estallara el conflicto con Rusia, donde prepara cien menús gratis en el único día que cierra las puertas al resto de clientes. «Esta semana conseguimos comida para 300 personas, incluso los hijos de unos amigos repartieron juguetes entre los niños», explica tras bajarse de su camión de bomberos. Lo que sobra se reparte entre diferentes refugios y, en paralelo, ha mandado a Ucrania un convoy de tres furgonetas repletas de ropa, alimentos y materiales donados por vecinos de este pueblo valenciano.

Según asevera Ciriaco, quien ha sido reconocido por la Guía Michelin en diferentes ocasiones por sus exquisitos cócteles, se siente en la obligación de ayudar a los refugiados ucranianos, ante una situación «que nos podría haber pasado a nosotros». De la misma manera que «nadie se esperaba que una pandemia paralizase nuestras vidas», no se puede descartar que «nos toque vivir un conflicto bélico como sufrieron nuestros antepasados», defiende.

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Vicente Ciriaco con refugiados ucranianos en su restaurante de Alboraya (Valencia) – ABC

Por ello, junto a otros empresarios hosteleros de la zona, da de comer todos los martes a cien ucranianos en su restaurante, pero Ciriaco quiere ir más allá. Puesto que al no saber inglés no puede trasladarse a Ucrania como bombero para coordinar los grupos de ayuda humanitaria movilizados a la frontera con Polonia, su siguiente paso es marcharse allí para cocinar 6.000 platos calientes y hamburguesas sobre el terreno.

Una iniciativa apoyada por su amigo ucraniano Álex, que este viernes mandará más de 20.000 raciones de comida a su país natal. «Necesitamos la ayuda de la gente y de las grandes empresas», reclama este chef que, no obstante, apunta que «si no colabora nadie, este autodenominado ‘espartano’ «se sobra» para poder llevar a cabo dicha misión humanitaria.

«Aún tengo la piel de gallina»

La primera jornada de su obra benéfica se desarrolló entre abrazos, sonrisas, besos y nostalgia. «Aún tengo la piel de gallina», comenta Ciriaco al recordar eufórico y emocionado las caras de los ucranianos que probaron sus hamburguesas, paellas, postres y comida típica de la zona como la horchata y los ‘fartons’.

«No hay nada más conmovedor y edificante que ver a un niño sonreír. Necesitaban nuestra ayuda tras huir de una guerra y jamás la olvidarán», expone. Asimismo, espera que esta iniciativa sea el comienzo de una mayor misión humanitaria en la que «todo el mundo ponga su granito de arena». «Si no estoy aquí los martes, es porque ya estoy en la frontera de Polonia», subraya.

Ciriaco junto a un camión de bomberos
Ciriaco junto a un camión de bomberos – ABC

Aunque parece utópico compaginar el trabajo de bombero y regentar un reconocido restaurante en la costa de Port Saplaya, este cocinero multidisciplinar basa su filosofía de vida en aprovechar cada hora del día. «Anoche acabé a las nueve de dar comida en Sagunto, fui a ver a mis hijas y a las doce me volví al restaurante a preparar caldos. Y ahora, estoy en el retén preparado para cualquier emergencia», narra a este periódico.

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«A mí no me para nadie, en esta vida cada uno tiene tiempo para lo que quiere», asegura este chef que ha llevado su cocina al Festival de Cannes (Francia) o a Trieste (Italia) y que incluso encandiló al reputado cocinero Martín Berasategui. «Lucho por cuidar y hacer feliz a la gente desde mis dos trabajos, que realmente considero hobbies», concluye.

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