Friday, April 19

Una generación de mujeres del siglo XXI


Son jóvenes extremeñas conscientes de que han ganado en igualdad respecto a sus padres, pero saben que aún tienen obstáculos por ser mujer

Por Álvaro Rubio

Violinista, soldado, futbolista, voluntaria, estudiante transexual, futura médica… Todas se han propuesto construir su presente y su futuro sin trabas por el hecho de ser mujer. Gema, Alba, María, Anais, Alicia, Olivia y Pilar saben que forman parte de una generación que lo ha tenido más fácil que sus madres en términos de igualdad, pero también opinan que el 8-M sigue teniendo vigencia por lo que aún queda por conseguir. Por ejemplo, acabar con la violencia machista, una constante en sus preocupaciones. El miedo a caminar sola por la noche, el techo de cristal que supone a veces tener hijos, y problemas comunes a la juventud, como el poder independizarse, son algunas de sus batallas. Se trata de una generación más pendiente del medio ambiente, organizada en el voluntariado y sorprendida por una pandemia que ha cambiado sus hábitos y les ha obligado a reducir sus contactos sociales en una época de la vida particularmente expansiva.

Vídeo.

Una generación de mujeres del siglo XXI

Han conquistado parcelas consideradas en exclusiva masculinas como el fútbol o el ejército. Son más que nativos digitales, son hijos de las redes sociales, su modo principal de relacionarse, pero en las que también observan peligros. Son siete mujeres del siglo XXI que explican aquí sus inquietudes.

Futbolista del Atlético de Madrid, 18 años

Alba Zafra Corrales

«En cuanto a salarios, los hombres viven del fútbol y nosotras no»

Por Javi Pérez

Nacida el 20 de diciembre de 2003, Alba Zafra siempre ha tenido claro que quería ser futbolista. Lo lleva en los genes. Su padre, Jorge Zafra, fue jugador profesional. Incluso su abuelo Adolfo Corrales se convirtió en un fan incondicional. «Se hizo como mi propio representante, no se perdía ningún partido ni ningún entrenamiento». En ese sentido, siempre ha tenido un «gran apoyo en mi familia, me han transmitido que hiciese lo que me gustara».

En sus 18 años, Alba Zafra nunca ha recibido ni presenciado ningún tipo de comentario machista por el hecho de ser futbolista. «Gracias a Dios no he vivido ningún suceso de discriminación, aunque en los telediarios desgraciadamente sí los hemos visto».

Con 17 años se trasladó a Alcalá de Henares tras fichar por el Atlético de Madrid y empezó sus estudios universitarios en Ciencias del Deporte. En su clase dice que hay «más chicos que chicas», pero ella siempre ha tenido claro que quería dedicarse «a la preparación física». Su sueño y aspiraciones son debutar con el Atlético de Madrid y la Selección Española. Aunque aplaude que el fútbol femenino ha avanzado mucho y crece en visibilidad, todavía queda mucho camino por recorrer. «En cuanto a salarios, los hombres viven del fútbol y nosotras no», apunta.

Como joven del siglo XXI se siente una «privilegiada» comparado con todas las dificultades sufridas por las mujeres en el pasado. «Por suerte la sociedad ha ido evolucionando y ahora el tema de la igualdad se lleva con cierta normalidad, entre comillas», y reconoce que ahora hay más oportunidades. «Esta generación viene más fuerte. Somos conscientes de lo que pasaba antes y nos hemos reforzado de esas experiencias». Sin embargo, no considera que lo tengan «más fácil» y por eso piensa que aún se hace necesario el 8M. «Todavía queda que se acepte que las mujeres podemos hacer lo mismo que los hombres». «Es cuestión de las capacidades y trabajo de cada persona y de valorar lo que tenemos», concluye la joven Alba.

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Alba fichó esta temporada por el Atlético de Madrid, estudia y entrena en el Alcalá de Henares /

Óscar Chamorro

Soldado en formación, 19 años

Alicia Cabrera Martínez

«Estoy muy orgullosa, mi madre no pudo tener esta oportunidad»

Por Laura Alcázar

Para Alicia Cabrera Martínez entrar en el Ejército es ver cumplido un sueño que tiene desde los 12 años. Ahora tiene 19 y es de Mérida, donde cursó el Bachillerato. Al Cefot de Cáceres llegó en noviembre, en el 2º ciclo de 2021. «Quise entrar en tropa porque para saber mandar antes debes haber sido mandado y aprender lo que es el Ejército desde la base», cuenta con convicción. Como mujer de la generación del siglo XXI se siente «muy orgullosa». «Mi madre no tuvo la oportunidad de entrar aquí. Los tiempos han ido cambiando a mejor y ya la mujer sí tiene oportunidad de entrar en el Ejército igual que un hombre, la misma», opina Alicia, que ve el 8-M como «un apoyo por los malos tiempos que hemos pasado hasta llegar aquí; aún queda mucho por avanzar, por eso tenemos que celebrarlo».

Considera que el factor físico, el tener menos fuerza que un soldado varón no es obstáculo para esta profesión y no impide, a su juicio, un trato de igualdad dentro del Ejército. «Nos tratan exactamente igual, además, aquí también te preparan físicamente». La relación con el otro género es de compañeros, afirma. «Aquí lo que se destaca es el compañerismo, da igual que seas hombre o mujer, te van a ayudar».

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Alicia Cabrea en las instalaciones del Cefot de Cáceres /

Jorge Rey

Sobre las dificultades que algunas jóvenes de su edad tienen para independizarse de sus familiares, la soldado considera que las Fuerzas Armadas te facilitan ese aspecto vital. «Yo me voy a Almería (su destino tras la formación, en el grupo de artillería), que está a 600 kilómetros de mi casa, y no me resulta complicado porque el Ejército me da una residencia, tengo mi sueldo y me dan la opción de comedor si lo necesito».

Alicia asegura que la disciplina que se exige es cuestión de «adaptarse». Su consejo para otras mujeres: «Que se animen, porque el Ejército es como una familia, te vas a llevar muchos hermanos para casa».

Mujer transexual y estudiante de Educación Social, 19 años

Anais Haya Bueno

«Ahora los jóvenes damos pasos más firmes para ser nosotros mismos»

Por Laura Alcázar

Anais Haya Bueno, el nombre que aparece en su DNI desde noviembre, notó a los 14 años que no encajaba en el grupo de chicos de su clase. «Siempre me sentí diferente», afirma esta mujer transexual de Mérida, estudiante de Educación Social. A sus 19 años, el hecho de haber nacido en el siglo XXI representa para ella «un signo de libertad». «Ha habido un avance muy significativo en derechos y libertades en todos los ámbitos de la vida respecto a épocas pasadas».

Anais reconoce sentirse integrada socialmente como cualquier mujer, pero lamenta que a otras chicas trans determinadas circunstancias, como puede ser el rechazo familiar, se lo impidan. No es su caso, aunque no oculta que «a mi madre le ha costado mucho asumir que tiene una hija en vez de un hijo». El salto generacional lo percibe en el «desconocimiento» que «mayores de 40 o 50» tienen de su colectivo. «Ahora los jóvenes damos pasos con más firmeza para ser nosotros mismos y aunque mucha gente lo comprende, hay de todo».

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Anais Haya delante del mural de diversidad LGTBI de la avenida Reina Sofía de Mérida /

J. M. ROMERO

Opina que para las mujeres de su generación la vida actual es más fácil que para las de décadas atrás «porque los roles de género tóxico estaban más implantados». «A día de hoy tenemos esos resquicios pero ha habido un progreso, aunque aún persisten roles diferenciados de género que no deberían definirnos».

Sus ambiciones profesionales pasan por ejercer como educadora social en el sector público, en lo que está centrada para independizarse algún día. «La tasa de paro es muy alta y tenemos muchas más dificultades para independizarnos; eso se ve en la natalidad, a día de hoy poca gente puede permitirse tener un hijo con la responsabilidad económica que conlleva», dice. Es en lo laboral donde asegura que tienen más obstáculos las mujeres trans. «Hay mucha discriminación en trabajos de cara al público», dice la estudiante, que confiesa: «Si antes era feliz, ahora lo soy como nunca».

Trabajadora y alumna de FP, 20 años

Olivia Marques da Silva

«Hay chicos que todavía no se preocupan por la igualdad»

Por Estrella Domeque

Don Benito. Media vida en Brasil y otra media en España. Olivia Carolina Marques da Silva cambió con apenas 11 años la gran urbe brasileña de Recife, su ciudad natal, por otra bien distinta en la localidad pacense de Don Benito. Un océano la separaba de su madre que cinco años antes vino a España en busca de una vida mejor. «Se vino a trabajar y cuando logró tener una vida estable me trajo a mí», recuerda Olivia diez años después. Ahora tiene 20, es hija única y toda su familia, a excepción de su madre, sigue viviendo en Brasil.

Lo cuenta al otro lado del mostrador de un negocio de comidas preparadas. Un trabajo que para ella es solo un paso más en el camino hacia su meta: estudiar Veterinaria. «Terminé Bachillerato, pero no me podía ir a estudiar fuera por motivos de notas y de dinero. Empecé a buscar trabajo y he estado en la fábrica, como monitora y ahora aquí… Donde me ha ido saliendo». Sus primeros ahorros ya han dado sus frutos y está estudiando una FP a distancia que compagina con este trabajo. «Quiero seguir estudiando y poder mantenerme, no depender siempre de mis padres; mi sueño siempre ha sido estudiar Veterinaria, pero ahora mismo tengo que elegir entre independizarme o estudiar y quiero priorizar mis estudios, lo otro queda en un segundo plano».

En la fábrica ya notó falta de igualdad, «los hombres hacían un tipo de trabajo y las mujeres otro, pero yo me sentía capaz de hacer tareas ‘de hombres’». Y lo cierto es que las hacía, aunque notando las miradas de sus compañeros. Pero fue en otro de sus trabajos donde esas miradas se acentuaban más, un empleo como bailarina de discoteca: «Vi actitudes, miradas… Se nota que te ponen ahí sólo para llamar la atención». Por eso cree que es importante defender todavía hoy el papel de la mujer: «Significa mucho todo lo que hemos logrado hasta ahora en términos laborales y personales». Lo dice en una generación que ve más abierta que la que encontró su madre al llegar a España, pero que aún debe mejorar: «Hay chicos que todavía hoy no se preocupan por la igualdad, no le dan importancia».

Su círculo más cercano de amigas tiene entre sus inquietudes el empleo y los estudios, pero también la violencia de género o las actitudes machistas. «Si vemos algo que no nos gusta en su relación, hablamos del tema y si le tenemos que decir a una amiga ‘Oye, no me ha gustado esta actitud de tu pareja’, se dice sin tabúes».

Estudiante de Música y violinista

Gema Díaz Guerra

«Quiero tomar mis propias decisiones, sin coacción»

Por Laura Alcázar

La cacereña Gema Díaz Guerra es a sus 21 años la violinista oficial del grupo de folk Cerandeo, toca en la Orquesta Joven de la Sinfónica de Galicia y en la Joven de Extremadura. A su edad no tiene dudas de que su futuro profesional está en la música. «Tengo la cabeza muy pendiente de trabajar en lo que me apasiona, que es en una orquesta profesional, aunque es un poco difícil porque hay mucha gente interesada y pocas plazas disponibles. Me llama mucho la atención la Sinfónica de Galicia», cuenta al otro lado del teléfono desde Salamanca, donde cursa estudios superiores de Música en el Conservatorio Superior de Castilla y León, que compagina con proyectos de grabación y conciertos.

Educada en la igualdad, el deseo de Gema es «ser libre y tomar mis propias decisiones sin ninguna coacción», afirma con determinación. Reconoce no haber vivido hasta el momento situaciones que le hayan hecho sentirse infravalorada frente un hombre «ni en casa, ni en la vida, ni a nivel profesional», pero también admite que siente miedo a veces si tiene que volver sola por la noche. «Lo he tenido y a día de hoy lo sigo teniendo».

Pese a no participar de forma activa en movimientos asociativos, asegura que le interesan los temas sociales y expresa su rechazo contundente a la violencia de género: «todos los días hay casos», afirma indignada.

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La cacereña Gema Díaz en Salamanca, donde cursa estudios superiores de Música /

HOY

Piensa que en España «hay las mismas oportunidades entre hombres y mujeres para entrar en los Conservatorios y Orquestas» y, en su opinión, la igualdad «no está en el 50%». «Tu consigues tus metas trabajando y si en una Orquesta hay un 80% de hombres y un 20% de mujeres no tiene por qué haber desigualdad, habrán sido mejores ciertas personas que otras», expone y añade que donde existe más desigualdad es en la dirección. «Siempre tenemos en mente nombres masculinos y hay muchas compositoras que no se conocen, pero hay un interés en hacer a estas mujeres visibles».

Sí cree que su generación lo tiene más fácil que la de su progenitora en lo que se refiere a avances tecnológicos en su profesión.

En el momento actual, Gema todavía no piensa en el momento en que tenga que independizarse, pero no lo ve difícil. Su meta es tocar en una Orquesta y confía en que una cosa llevará a la otra. «Voy a trabajar todo lo posible para ello y cuando tenga dinero no creo que tenga ningún problema para independizarme».

Voluntaria de Cruz Roja, 20 años

Pilar Rubiano

«Hay que propiciar los cambios día a día, no solo el 8-M»

Por Miriam F. Rúa

Cuando se le pregunta por cómo es su relación con los chicos, a Pilar Rubiano le entra la risa floja propia de su edad. Tiene 20 años y dos días a la semana visita a quienes duermen en la calle en Badajoz como voluntaria de Cruz Roja. Les lleva comida caliente, pero su gran labor –dice– es charlar con quienes no tienen a nadie con quien hablar en todo el día. Cuando cumplió la mayoría de edad, se enroló como voluntaria, una labor con la que cubre la inquietud que siempre ha tenido de hacer algo por los demás.

Ella y su gemela son las más pequeñas de una familia numerosa, en la que por encima tiene a un hermano de 26 y a una hermana de 27. La igualdad está entre las normas de su casa: «Cada uno tiene que recoger su habitación, nos dan la misma paga y nos exigen lo mismo en los estudios», ilustra.

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Aunque sí hay una diferencia: a la hora de volver a casa, si son ellas quienes llegan más tarde de la hora la preocupación de sus padres es mayor que si el que se retrasa es su hermano. «El ser chica es una preocupación añadida».

Estudiante de segundo de Comunicación Audiovisual, en cuestión de oportunidades ella no ha sentido la discriminación por ser mujer, pero como buena observadora, archiva en su cabeza lo que le sale de ojo. Le ocurre cuando busca vídeos en Internet de danza del vientre, su gran pasión, y descubre que hay pocas mujeres que pueden exhibir su talento públicamente. «Fuimos a comer con el grupo de baile a un restaurante indio y las mujeres estaban en la cocina. Cuando terminamos, vino a saludarnos el personal, pero solo los hombres, que se llevaron todo el mérito».

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Pilar Rubiano, voluntaria de Cruz Roja, en los jardines del MEIAC de Badajoz. /

Pakopí

También le pasa en su grupo de amigas, cuando a alguna su novio le echa una bronca porque le ha dado al ‘me gusta’ en la foto de Facebook de otro chico. «Estoy bastante alerta con cosas que me chirrían como que les controlen las redes sociales y me da mucha rabia que ellas no se den cuenta, que crean que lo hacen porque las quieren mucho. Yo soy bastante tímida con los chicos y aún no he tenido pareja, pero tengo claro que en toda relación tiene que haber espacio. Es decir, tener tu vida y que tu pareja la complemente, no que la absorba».

En esto cree que su generación ha retrocedido, pero reconoce que en muchos aspectos las mujeres millennials están creciendo en mayor igualdad en la educación, en el trabajo, en la vida familiar y también tienen una mayor visibilidad. Aunque pone en el acento a la violencia de género con la que come día sí y día también. «No puedo entender cómo un hombre puede hacer daño a una mujer». Para ella el 8-M será necesario mientras que siga habiendo desigualdad. «No soy de coger una pancarta para reivindicarme en la calle un día específico, los cambios hay que propiciarlos día a día».

Máxima nota en la EBAU, 19 años

María Fernández Blanco

«La mujer no puede tener menos oportunidades»

Por Juan López-Lago

María Fernández Blanco nació en 2003 en Badajoz y sus padres son ambos profesores de Matemáticas, él en un instituto y ella en la Universidad de Extremadura. Pero María tenía claro que estudiaría Medicina y no le ha costado acceder tras haber sacado un 14 en la EBAU el curso pasado, la máxima nota posible. Su hermano estudia lo mismo en la UEx, pero ella optó por la Complutense porque le apetecía la experiencia de vivir en Madrid.

«He nacido en una generación que no ha sufrido discriminación en los estudios por ser mujer, pero creo que el 8 de marzo es un día necesario porque históricamente no ha sido así. Hoy siguen habiendo desigualdades, en mi entorno no puedo concebir que por ser mujer tengas menos oportunidades. Esto debería depender de las capacidades de cada cual».

Esta pacense de 19 años no tiene un plan concreto para la jornada de este martes, aunque sabe que cuando llega el 8-M las redes sociales se llenan de mensajes y los apoyará. «Nunca he ido a una de estas manifestaciones, cada vez que ha llegado esta fecha se ha mencionado en el colegio, lo hemos hablado y ya está».

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María tiene 19 años y estudia primero de Medicina /

HOY

En su opinión, quedan cosas por hacer. «La mujer, por su condición biológica, encuentra a veces impedimentos en el ámbito laboral si decide tener hijos y muchas todavía se sienten perjudicadas a la hora de aspirar a algún puesto cuando les preguntan si piensan ser madres. A mí no me ha dado tiempo a comprobarlo porque mi vida ha sido solo como estudiante y en clase ha sido todo muy equitativo, por no hablar de que éramos más chicas que chicos».

Tras comenzar el primer curso de Medicina, María ya ha podido observar que es un grado donde el noventa por ciento de los alumnos son mujeres. En cambio, esto no se da entre el profesorado, como tampoco sucedía en la etapa del instituto. «La mayoría son hombres, son mayores y entiendo que se debe a que se formaron en otra época, lo que confirma que no siempre hubo tanta igualdad»

Temas

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