Wednesday, October 5

«Ya no iba tan convencido a verlo»


VALENCIA
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Nunca se mostró violento delante de su hijo. Dentro de la espiral de insultos, agresiones y alcohol en la que José Antonio convirtió su vida al maltratar a su exmujer María Dolores, el pequeño Jordi -de once años- era su único halo de luz y esperanza. Sin embargo, ese sentimiento se desvaneció el pasado domingo, cuando decidió
asesinar a sangre fría con un cuchillo de cocina a su primogénito, tan solo dos días después de su cumpleaños en la localidad valenciana de Sueca. Un nuevo caso de violencia vicaria, la variante más atroz y cruel de la violencia machista, que ha evidenciado una grotesca laguna de comunicación judicial.

El menor, que cursaba quinto de Primaria en el Colegio Unión Cristiana del mismo municipio, acudía los domingos a casa de su padre, al que quería ver pese a la retorcida situación que este mantenía con su expareja, quien le denunció por malos tratos el pasado mes de agosto y sobre la que tenía una orden de alejamiento de 500 metros.

«Nunca había mostrado ninguna mala acción hacia su hijo, sino al contrario», explicaba Marta Tur, prima de la madre del niño brutalmente apuñalado por su progenitor. «No es cierto que amenazara con matarlo, en ese caso no habríamos accedido nunca a llevárselo», subrayó.

Criado en un hogar humilde, estructurado y trabajador, con un par de familiares como concejales en el Ayuntamiento de Cullera, Jordi «ya no iba tan convencido a ver a su padre últimamente», según relató su tía. El día del fatal accidente llamó a su madre visiblemente alterado para que le recogiera ante el estado en el que se encontraba José Antonio, pocos minutos después de dejarle con él. «En el trayecto de vuelta debió cometer la barbaridad que hizo», lamentó.

El presunto infanticida, según su entorno más cercano, tenía problemas de alcoholismo y tomaba medicación por diferentes dolencias. Desde la separación descuidó su higiene personal y se adentró en una atmósfera de autodestrucción que le llevó a ser repudiado por parte de su familia que no quería saber nada de él, incluso temía las broncas de su padre, abuelo del menor, cuando se encontraban en el bar que más frecuentaba. «Nunca bebió delante de su hijo, con él se comportaba como una persona un poco normal», aseveró Marta, pero finalmente los dos mundos en los que vivía terminaron por colisionar e explosionar.

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Durante los últimos meses, José Antonio mostró una enfermiza obsesión por su exmujer, a la que insistió en diferentes ocasiones que le dejara ver a su único hijo, en especial el día de su cumpleaños. «Primero la anuló como persona, después intentó alejarla de su familia y luego la maltrató físicamente», declaró la prima de esta mujer víctima de violencia machista. «Es un maltratador de manual, tenía el poder sobre ella para hacerle creer que era buena persona y lo ha utilizado para quitarle la vida a su propio hijo», añadió.

La familia de María Dolores siempre sospechó de la capacidad manipuladora de José Antonio, «sobre todo psicológicamente», pero nunca llegaron a imaginar que «sería capaz de hacer algo así». Lo describen como un «auténtico monstruo» que «ha ido a por el más débil» y a «hacer el daño más grande: condenar a la madre a vivir y a respirar con este sufrimiento».

Pese a la vigencia de la custodia compartida, la familia materna «no accedía a cumplirla porque él no estaba en condiciones de cumplirla». Aluden que el presunto parricida «se saltaba la orden de alejamiento siempre que quería» y que en los últimos meses «habían sentido miedo», por lo que decidieron acompañar a María Dolores a poner la denuncia por malos tratos.

Asesinado a sangre fría

No era un domingo más de los que Jordi solía acudir a casa de su padre para pasar un rato con él, pues iban a celebrar su undécimo cumpleaños. La madre, reticente a que el caos en el que se encontraba sumido su exmarido pudiera afectar a su hijo, accedió a llevarlo desde Cullera a Sueca para que lo viera durante un par de horas en un día tan especial.

Sobre las dos de la tarde dejó al pequeño Jordi en la casa de José Antonio, ubicada en la calle Rafael Hervás de esta localidad valenciana, a tan solo doscientos metros de una comisaría de la Policía Local. Minutos después, el joven, nervioso y afectado por el estado en el que se hallaba su padre, llamó a su madre para que volviera a recogerlo con la mayor brevedad posible.

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María Dolores se temió lo peor. Junto a ella, la madre del presunto asesino y abuela del menor, que acudió desesperada a dependencias policiales al grito de «está loco, va a matar a mi nieto». A ninguna de las dos le abrió la puerta pese a la insistencia de los golpes y los lamentos de ambas mujeres.

Imagen del domicilio del hombre que presuntamente asesinó a su hijo de diez años en Sueca – EFE

La madre de la víctima alertó al 112 y rápidamente una patrulla de la Guardia Civil se personó en el domicilio donde se encontraron la terrible escena. Según las primeras pesquisas, José Antonio habría decidido asesinar a su propio hijo propinándole varias puñaladas con un cuchillo de cocina, sin estar bajo los efectos del alcohol.

Los servicios médicos del SAMU movilizados por el Centro de Información y Coordinación de Urgencias (CICU) tan solo pudieron certificar el fallecimiento del niño de once años, al mismo tiempo que atendieron a la abuela y a la madre, quien fue trasladada al Hospital de la Ribera tras sufrir un grave ataque de ansiedad.

Fallo de comunicación entre juzgados

La Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género confirmó la naturaleza machista del crimen ante la existencia de denuncias previas por violencia de género. En voz de su delegada, Victoria Rosell, es evidente que «no se ha hecho el esfuerzo de revisar los regímenes de visita» de padres maltratadores, pese a que la última reforma del Código Civil prescribe que estos no pueden ver a sus hijos.

Ante la descoordinación a la hora de comunicar la condena por maltrato del presunto parricida, el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana (TSJCV) responsabilizó a los padres por no informar al juzgado de Familia en septiembre «de la existencia de un procedimiento penal por malos tratos y de la sentencia que fijaba la custodia del menor a favor de la madre y que suspendía el régimen de visitas para el progenitor».

El TSJCV aclaró que durante el pasado mes de julio ambos cónyuges presentaron de mutuo acuerdo una demanda de divorcio ante el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 5 de Sueca, por la que establecieron un convenio regulador con custodia compartida respecto al menor de edad.

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Tan solo un mes después, el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 4 de la misma localidad, con competencias en materia de violencia sobre la mujer, condenó a José Antonio por un delito de malos tratos en el ámbito de violencia de género. La pena dictada en el juicio rápido fue de cuarenta días de trabajos en beneficio de la comunidad, ocho meses de alejamiento a más de 500 metros e imposibilidad de comunicación con su mujer, así como dieciséis meses y dos días de prohibición de tenencia de armas.

El fallo de este juzgado dictado por conformidad de ambas partes, además, estableció la custodia y patria potestad del menor a favor de su progenitora, suspendió «cualquier régimen de visitas del padre condenado respecto al hijo» y fijó una pensión alimenticia de 200 euros para el niño.

Imagen de la concentración en repulsa del parricidio de Sueca
Imagen de la concentración en repulsa del parricidio de Sueca – EFE

«No puede volver a ocurrir»

Al respecto del caso, Rosell argumentó que existieron «defectos de coordinación entre juzgados», ya que en septiembre se ratificó el convenio presentado en julio que marcaba la custodia compartida del menor pese a la condena por violencia de género que pesaba sobre el hombre de 47 años. También, la presidenta del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género, Ángeles Carmona, calificó este trágico suceso como «un fallo flagrante del sistema» que «no puede volver a ocurrir».

En la misma línea, la delegada del Gobierno en la Comunidad Valenciana, Gloria Calero, defendió «que hace falta una mayor coordinación en la justicia» y remarcó que la investigación sigue en curso y que el presunto asesinado pasará a disposición judicial este miércoles.

Asimismo, apuntó que en esta situación había dos causas, una por vía civil y otra por vía penal y ha indicado que «en cuanto se analice toda la cadena se verán dónde están los fallos y se intentará mejorarlos». No obstante, ninguna decisión podrá aliviar el dolor de la familia del menor y el duro golpe que han recibido los pueblos valencianos de Sueca y Cullera, enmudecidos por el primer caso de violencia vicaria en España en el año 2022.

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